
Cualquier ideología, llevada al límite, causa dolorosas cicatrices a una sociedad. La humanidad ha sido testigo de esta situación a lo largo de su historia. Para no ir muy lejos, los regímenes autoritarios en Chile y Cuba, en Latinoamérica, durante algunas décadas, han dividido no solo a sus pueblos, sino también a una parte de la comunidad americana y al mundo. Endosar a una escuela de pensamiento, menos aún a un individuo, los resultados de política y desarrollo económico de un país es una ligereza académica; significa, entonces, renunciar a un análisis formal sobre los mecanismos a través de los cuales una ideología se convierte en un instrumento de propaganda política con objetivos transversales a los que predican sus promotores.
Costa Rica no es la excepción. A pesar de representar el 0,07% de la población y el 0,05% del PIB (Producto Interno Bruto) mundial, no está al margen de la danza de las ideologías e intereses económicos por parte de empresas internacionales y locales, así como por parte de naciones con mayor poder de veto en la comunidad internacional.
En el país, por ejemplo, la histórica buena relación con Estados Unidos y Europa compite ahora con las noveles relaciones con China.
¿Mercado? En el contexto económico actual, algunas personas lanzan el grito al cielo sobre el efecto ideológico en la incipiente economía de mercado local, resultado del panorama económico global. Se olvida que los incentivos de mercado no necesariamente guían al consumidor, menos a las empresas locales, y menos aún a la economía, como un todo, en Costa Rica. ¿Quién se atreve a afirmar que existe competencia efectiva en tal o cual industria en el país?
Algunos solo miran los monopolios públicos, pero ¿por qué no señalar también los monopolios privados, a pesar de su evidente existencia? ¿Existen estudios sobre organización industrial en Costa Rica? ¿Hay integración vertical en algunas industrias? ¿Cuáles? ¿Afecta esto el bienestar del consumidor? En caso de que sea necesario regular alguna industria, ¿cuál es la calidad de la regulación? En resumen, ¿hemos tenido la capacidad para crear mercado o lo que tenemos es un incontestable mejunje entre ideología, grupos económicos y política?
Menos aún se analizan las asimetrías en los incentivos que guían el comportamiento económico del costarricense. Aquí, la nación está dividida. Por un lado, una mitad vive inmersa en la economía formal, guiada, más o menos, por incentivos de mercado. Por otro lado, la otra mitad está en el limbo entre una economía agrícola y una economía de mercado: más mejunje. En este sentido, nuestras instituciones educativas se muestran deficitarias.
Ciertamente, también se olvida que las previsiones del New Deal , algunas distorsionadas, estuvieron vigentes en Costa Rica por varias décadas. Las interpretaciones sobre las ideas económicas de J. M. Keynes fueron, asimismo, la base “técnica” de las prédicas populistas en Latinoamérica durante las décadas de 1950 a 1980, un período que dejó a muchos países en la ruina, y una situación que no se está repitiendo en este episodio. Por eso, se debe profundizar con seriedad en el efecto ideológico de los eventos económicos internacionales.
¿Crisis ideológica? Al respecto, un ensayo publicado en Bloomberg (23/12/2008), elaborado por John Lippert, analiza el impacto de la crisis económica sobre la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago (Escuela de Chicago). Para sorpresa de muchos, Lippert halla que existen diferentes corrientes de pensamiento dentro del claustro. Por un lado, un grupo se opuso a los planes de rescates financieros; por otro, algunos se mantienen comedidos. Muestra de esta pluralidad es el análisis sobre los acontecimientos de la crisis en su página en Internet (economics.uchicago.edu). Al mismo tiempo, la rigurosidad académica de la Escuela de Chicago se manifiesta en la obtención de diez premios Nobel desde 1969 (muchos más que cualquier otro claustro en el mundo).
Uno de estos aportes significó un cambio radical en el área de las finanzas en los años 1970, cuya tecnología permitió la creación de complicados instrumentos financieros, de lo cual hoy solo se conocen sus iniciales: C.D.O.s., C.D.S.s., entre muchísimos otros. Sin embargo, los elementos claves para llegar al actual estadio de la crisis no están asociados a este aporte o a esa escuela. Veamos:
1. Los dos últimos presidentes de la Reserva Federal (desde 1987, época durante la cual se generó la crisis actual) no han tenido vínculo alguno con la Escuela de Chicago, como implícitamente algunos sugieren.
2. El rescate financiero de Continental Illinois National Bank por $9.500 millones (a precios del 2008) en 1984 pudo haber persuadido a los banqueros de que, cuando las cosas salían mal, iban a tener la mano amiga del Gobierno, señaló Douglas Diamond, de la Escuela de Chicago.
3. El mismo error se repitió en 1989, cuando, luego del fracaso de varias instituciones de ahorro y préstamo, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un plan de rescate por $293.300 millones (a precios del 2008).
4. Lo mismo ocurrió en 1998, cuando se evitó la quiebra del gigante de la industria de hedge funds : Long Term Capital Management, preludio, quizás, de lo que sucedería diez años después.
5. La creencia por parte de Greenspan en la capacidad sempiterna de autorregulación de los mercados y empresas.
6. La incredulidad de Greenspan-Bernanke sobre una posible burbuja especulativa en el sector inmobiliario (incluso, en febrero de 2007 ante el Congreso).
7. El caso omiso, desde el 2003 hasta el 2007, respecto a los argumentos de varios economistas sobre la excesiva expansión del crédito y los inflados precios de las acciones ( The New Yorker , 01/12/2008).
8. Haber rescatado a Bear Stearns, pero no a Lehman Brothers, envió contradictorias señales a los agentes económicos.
9. Lo errores de la Securities and Exchange Commission (SEC), creada en 1934.
10. Los multimillonarios paquetes de incentivos monetarios extras a los ejecutivos de empresas financieras mostraron ser perjudiciales para las propias empresas, la industria financiera y el país.
Positivamente, a lo anterior hay que añadir la seriedad de las investigaciones que realiza el Congreso de los Estados Unidos sobre lo acaecido en Wall Street, llevando, incluso, a personas a la cárcel, situación que en Costa Rica se ha soslayado, si bien no en el caso del Banco Anglo Costarricense, sí en los de las quiebras de las financieras entre 1987 y 1988: un banco teutón, el derrumbe de bancos cooperativos y el cierre de operaciones de un banco internacional en el país.
Chicago, una vez más. Por todo lo anterior, no sorprende que Barack Obama, quien enseñó Derecho Constitucional durante 12 años en la Universidad de Chicago, haya elegido a A. Goolsbee, de la Escuela de Negocios de esa universidad, como director del Consejo Consultivo de Recuperación Económica Presidencial, que propondrá la forma de reactivar el crecimiento de la economía, y del cual es miembro, además, Paul Volcker, expresidente de la Reserva Federal.
Finalmente, Robert Lucas, Nobel de Economía de Chicago, quien por segunda ocasión en 44 años votó por un candidato demócrata (Obama) en las pasadas elecciones presidenciales, dice que la “desregulación (de la industria bancaria) puede haber ido demasiado lejos.”