En países tropicales como el nuestro, con microclimas y una red vial mal conservada y saturada, se hacen imprescindibles servicios de rescate y evacuaciones aeromédicas que permitan activar rutas rápidas, superar la congestión vial o la falta de carreteras, y acceder a los sitios donde las ambulancias terrestres no puedan llegar.
Si queremos mantener el liderazgo en ecoturismo y turismo de aventura, las autoridades deben estimular y facilitar los servicios públicos y privados que brinden atención y traslados médicos a los turistas.
Un destino con servicios de ambulancia aérea de calidad ofrece ventajas frente a otros; más operadores internacionales están dispuestos a invertir; hoteles y turoperadores pueden vender servicios con mayor respaldo y las aseguradoras muestran más confianza en el país.
Esto, porque una atención aeromédica rápida y adecuada hace que los resultados clínicos mejoren, se reduzcan los riesgos legales y económicos y se controlen las crisis mediáticas.
Por el contrario –y ya lo hemos vivido en nuestro país cuando ocurre un percance grave sin buena respuesta aérea–, cuando la respuesta a la emergencia no es buena, la noticia se viraliza, de inmediato se ve afectada la confianza, disminuyen las reservas y la reputación del país se deteriora.
Los mercados europeos y norteamericanos exigen destinos turísticos que posean disponibilidad de traslados aeromédicos las 24 horas, protocolos de rescate en montaña y mar, y coordinaciones interinstitucionales.
Fortalecer los servicios de vuelos ambulancia en Costa Rica de día y de noche es vital para mantener nuestra imagen internacional de un destino profesional y seguro, y poder seguir recibiendo a millones de visitantes.
Ricardo Hernández Guzmán es paramédico.