
Deseo dirigirme a la señora presidenta de la República para decirle que necesitamos un milagro. Y no exagero.
La aviación costarricense no tiene rumbo ni parece haber alguien que verdaderamente se ocupe de ella. Entre las prioridades de nuestro país, la aviación ocupa el último lugar, o está muy cerca de ese puesto.
Llevamos cerca de 48 años sin que ningún gobierno haya dado un paso realmente importante hacia la modernización de la aviación nacional. Para muchos gobiernos de turno, simplemente no hemos existido como sector.
Hemos sido invisibles para ministros y autoridades, como si la aviación fuera un problema incómodo, una mala noticia o un asunto que nadie quiere ver, escuchar ni atender.
Y hasta el momento, este gobierno no ha demostrado ser diferente de los anteriores.
Desde antes del 8 de mayo de 2026, venimos arrastrando una situación verdaderamente preocupante. Han transcurrido casi cinco meses sin que se concreten nombramientos fundamentales para la conducción de la aviación civil costarricense.
Seguimos sin un Consejo Técnico de Aviación Civil (Cetac) plenamente constituido y, lo que resulta todavía más preocupante, sin un director general que pueda asumir con firmeza, continuidad y autoridad la conducción de la actividad aeronáutica del país.
La ausencia de un director general sí me preocupa profundamente.
En cuanto al Consejo Técnico de Aviación Civil, debo decir, con toda franqueza, que su falta de nombramiento no me quita el sueño. Es más, considero que deberíamos cuestionarnos seriamente si esa figura continúa siendo necesaria.
Con demasiada frecuencia, el Cetac ha terminado integrado por personas escogidas más por cercanía con los gobiernos de turno que por su conocimiento de la actividad aeronáutica. Salvo honrosas excepciones, muchos de sus integrantes llegan al cargo sin conocer realmente cómo funciona la aviación nacional.
Pero lo cierto es que han pasado casi cinco meses desde que asumió el nuevo gobierno sin que exista una conducción clara para atender y decidir sobre asuntos de verdadera importancia para la industria aeronáutica costarricense.
Y eso no es un detalle menor. No puedo entender ni justificar semejante demora en un país que posee una industria aeronáutica de enorme importancia para su economía.
Estamos hablando de una actividad que mueve turismo, comercio, inversión, empleo, conectividad y millones de dólares cada año. Sin embargo, pareciera que, para nuestras autoridades, la aviación puede esperar indefinidamente.
Cinco meses sin resolver nombramientos fundamentales no pueden verse como una simple tardanza administrativa. Es demasiado tiempo. Y, sobre todo, envía un mensaje preocupante: que la aviación nacional no está entre las prioridades del gobierno.
Esta realidad demuestra, una vez más, el poco interés y la escasa prioridad que históricamente se le ha dado a la aviación en Costa Rica.
Señora presidenta, Costa Rica no puede presumir de ser un país conectado con el mundo mientras mantiene su autoridad aeronáutica sin una conducción clara, firme y permanente.
La aviación necesita liderazgo, conocimiento técnico y capacidad de decisión. Necesitamos una autoridad fuerte que entienda la industria, que tome decisiones oportunas y que tenga claro que la aviación no es un lujo ni un asunto secundario. Es una actividad estratégica para el turismo, el comercio, la inversión, la conectividad y el desarrollo nacional.
Una industria de esta magnitud merece respeto, atención y decisiones, y no merece seguir abandonada en un interminable patrón de espera.
Por eso, señora presidenta, quienes amamos y hemos dedicado nuestra vida a la aviación seguimos esperando una señal.
Después de tantos años de abandono, pareciera que, para que la aviación costarricense vuelva a despega, necesitamos un verdadero milagro. ¿Ese milagro lo hará usted?
Luis Fernando Bruno Guzmán es piloto pensionado.