
Todos conocemos la frase: “Los jóvenes son el futuro”. Hace poco escuché esta frase de Bill Russell: “No existen los hijos de los demás. Son la próxima generación”. Bill fue jugador de baloncesto, 11 veces campeón de la NBA y un gran promotor de programas de formación juvenil en Estados Unidos.
¿Qué pasa cuando un joven de una comunidad vulnerable o rural no tiene un espacio donde se le escuche, forme y motive? En comunidades vulnerables, como las que existen en el cantón de Matina, la respuesta puede ser: deserción escolar, pobreza o incluso reclutamiento por el crimen organizado.
Muchos adolescentes crecen en hogares disfuncionales, expuestos al bullying, la baja autoestima, los problemas de salud mental y riesgos sociales como la drogadicción y las redes delictivas. Estos jóvenes tienen menos probabilidad de terminar el colegio, de entrar al mundo laboral (con un desempleo juvenil del 23,3% según el INEC) y afrontan la ausencia de espacios seguros donde convivir y crecer.
Durante más de una década, como mentor y líder de la ONG Dale una mano a Costa Rica, he visto de cerca a chicos y chicas con edades desde los 13 años servir con talento y pasión en programas de formación. Hablo de jóvenes capaces de liderar y formar a otros jóvenes en sus comunidades.
¿Por qué son importantes estos programas? Porque, en la vida de las personas jóvenes, contar con mentores y formar parte de programas de desarrollo juvenil son factores que influyen en su autoestima, en su rendimiento académico y en la capacidad de tomar decisiones que no solo determinan su futuro, sino que también influyen en el futuro de sus comunidades y su país.
Los programas de desarrollo juvenil que tienen a jóvenes como formadores apoyan a otras personas jóvenes a desarrollar habilidades blandas y habilidades sociales; ofrecen espacios de sana convivencia donde comparten con mentores que muestran interés por su crecimiento y desarrollo, aprenden herramientas de resiliencia para poder enfrentar desafíos y llegar a la adultez con visión para alcanzar su máximo potencial.
Imaginemos cuántos adolescentes en vulnerabilidad se beneficiarían de un Comité Cantonal de la Persona Joven (CCPJ) en su cantón. El gobierno ejecuta programas de formación a nivel nacional por medio del Consejo de la Persona Joven y, a nivel local, por medio de los CCPJ.
Estos esfuerzos, junto con el trabajo de instituciones como el PANI, el Ministerio de Salud, el IAFA, el MEP y la CCSS, que tienen oficiales y oficinas locales, son fundamentales para el desarrollo de la juventud.
Si estos programas contaran con más recursos y apoyo, su impacto podría multiplicarse y llegar a más adolescentes en situación de vulnerabilidad. Además, la colaboración entre colegios, asociaciones de desarrollo, diversas ONG y fundaciones, es clave para fortalecer y expandir estas oportunidades en todo el país. Pero, ¿cuántos colegios y asociaciones de desarrollo conocen de este trabajo?
A veces, los adultos critican a los adolescentes por “perder el tiempo” en sus celulares o en actividades que parecen poco productivas, pero no nos damos cuenta de que, después del colegio y los fines de semana, casi no hay opciones para ellos.
La ONU conmemora este 12 de agosto el Día Internacional de la Juventud. Les propongo construir una organización nacional de servicio al país que movilice a jóvenes hasta los rincones más alejados y necesitados para que sirvan y lideren.
Pensemos en el potencial de jóvenes formando a otros jóvenes; trabajando junto a municipalidades, centros educativos, instituciones, iglesias, asociaciones de desarrollo y ONG como agentes de cambio y formando líderes mediante programas de mentoría, liderazgo y desarrollo comunitario.
orlandocarvajal@hks.harvard.edu
Orlando Carvajal Valdés es estudiante de maestría en Administración Pública en la Universidad Harvard. Es oriundo de Matina y fundador de la ONG de desarrollo juvenil Dale Una Mano a Costa Rica.