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Jóvenes excluidos del debate político

Los datos prueban que es en la adolescencia cuando se adquieren los hábitos que pueden poner en riesgo la salud presente y futura

Adolescentes y jóvenes encaran crecientes amenazas, entre estas, la mala calidad y cobertura de la educación. Desde antes de la pandemia, el 52% de las personas con edades entre 18 y 24 años no concluían la secundaria, a lo cual se agregaron los serios problemas de conectividad e infraestructura (agravados cuando apareció la pandemia) y que los responsables del desastre no asuman su responsabilidad.

Un avance significativo como lo es el Programa de Sexualidad y Afectividad del MEP enfrenta la enorme debilidad de la poca extensión y las resistencias contra el programa mismo.

Una investigación llevada a cabo por la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños y la Asociación Pro Desarrollo Saludable de la Adolescencia en el 2019, con 9.223 estudiantes de secundaria, encontró que los adolescentes tienen pésimos conocimientos en cuanto a la protección sexual.

Permanecer en el colegio, clases sobre sexualidad y acciones focalizadas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) disminuyen el riesgo de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. Esto confirma la necesidad de reforzar y actualizar el Programa.

Las personas con edades entre los 15 y los 24 años excluidas del sistema educativo enfrentan el desempleo (un 35%). Una manera de que desarrollen competencias y habilidades técnicas o vocacionales que les ayuden a conseguir un trabajo o emprender un negocio propio es por medio de instituciones como el INA, la CCSS, el Ministerio de Trabajo, entre otras.

A las enormes debilidades en educación y empleabilidad se suma la salud integral. Lamentablemente, acciones de promoción, prevención y atención de la salud integral de la población adolescente y joven han sido abandonadas, con las contundentes consecuencias negativas.

Ejemplos sobran, la casi nula atención de la salud mental —problema exacerbado por la pandemia—, la epidemia de obesidad, hipertensión en la adultez, diabetes tipo 2 e infartos cerebrales y al miocardio.

Los datos prueban que es en la adolescencia cuando se adquieren los hábitos que pueden poner en riesgo la salud presente y futura, lo que empeora si la respuesta estatal preventiva es irresponsable. Además, como si estas amenazas no fueran suficientes, se agregan leyes, como el fallido intento de financiar el deporte con propaganda de licor o la de producción de cáñamo y marihuana medicinal, que abre peligrosos portillos para la población adolescente y joven.

La violencia en todas sus formas se ensaña con esta población. La situación muestra que la mayoría de las víctimas de accidentes de tránsito, suicidios y homicidios son menores de 30 años de edad.

La investigación realizada en el 2019 determinó también que el 13% de los 9.223 estudiantes de secundaria encuestados manifestaron haber planeado suicidarse, el 18% tuvo una ideación suicida, un 5 % llevó armas al colegio y un 9% dijo portar armas en la calle.

Es una imperiosa necesidad incorporar a adolescentes y jóvenes en la discusión y ejecución de políticas y programas que les atañen. Un reciente foro organizado por el periódico La Nación, donde jóvenes plantearon qué esperaban del próximo gobierno, puso de relieve la comprensión de las necesidades y la desatención que siente esta población.

Un joven limonense dio una precisa fotografía de lo que enfrentan, “nos destacamos por atletismo o por el narcotráfico”, dijo; y una de las jóvenes claramente expresó: “Ya nos han quitado suficiente y ya saldría a protestar a la calle”.

Lo paradójico es que existen espacios de coordinación interinstitucional e intersectorial para ejecutar una política pública para la adolescencia y juventud que subsane estas carencias, pero se han desaprovechado.

Es mucho más lo que se espera del Consejo de la Niñez y la Adolescencia, del Ministerio de Cultura y Juventud, de la CCSS, del Ministerio de Deportes, del Consejo de la Persona Joven, etc.

No se justifica, candidatos y candidatas, no escuchar a los adolescentes y jóvenes.

morabecr@gmail.com

El autor es médico pediatra, fue fundador y director durante 30 años de la Clínica del Adolescente del Hospital Nacional de Niños. Siga a Alberto Morales en Facebook.

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