Es clara la falta de identidad que agobia al ser costarricense hoy en día. Solo falta preguntarnos a cada uno de nosotros qué factores nos identifican con nuestra patria y las respuestas aflorarán diversas, pero sobre todo escasas. Probablemente una respuesta que podría ser común: pueblo pacífico (paz o cualquier derivación de dicha palabra).
Es escandaloso como nadie parece estar enarbolando la bandera del punto más álgido de nuestros pendientes como país: la inseguridad nacional. La visión del Gobierno ha sido más que mezquina, en realidad repudiable.
La designación de la actual titular de la cartera del Ministerio de Seguridad Pública fue para muchos de nosotros incomprensible, como si no importara la trayectoria o la capacidad de la materia en cuestión.
Este puesto es probablemente el que requiere mayor valentía, envergadura y ánimo de colaborar con el país. Quien lo haga correctamente, sufrirá amenazas, críticas y alta presión. No es para todos. La renuncia del otrora viceministro Láscarez lo confirma... ¡Supuestamente no encajó en el equipo! ¿Qué es eso a estas alturas del partido y perdiendo por 6 a 0?
Problemas agobiantes. La falta de infraestructura nacional, la oposición burda, un TLC como muestra del risible consenso al que llega nuestra Asamblea, y un sinfín de etcéteras, son problemas que nos agobian, hoy y nos seguirán agobiando hasta que decidamos culturalmente y educacionalmente como ticos, que las decisiones a nivel gubernamental con el apoyo de la mayoría, deben planearse, estudiarse y tomarse a tiempo. Sin embargo, este es un problema propio de nuestra cultura del tico. Estos atrasos que sufrimos hoy son autoprovocados.
No obstante, el ataque flagrante que estamos recibiendo por todos los flancos a nivel de criminalidad no nace prioritariamente de la falta de capacidad que hemos tenido para resolver en su momento… es un virus que entró y se propaga en términos exponenciales.
Hace 15 años nuestras calles eran malas, nuestros puertos, un desorden y la Asamblea, un mar de oposiciones. Igual a hoy. Hace 15 años no era común que mi hijo jugara en el kínder con el hijo de un líder de una banda de robacarros... Ser delincuente es moda.
Señor Presidente, es hora de hacer gala de su Nobel y hacer un repunte hacia la búsqueda de ayuda de la comunidad internacional (tanto en capacitación como en financiamiento), para sostener la situación de inseguridad y criminalidad que nos ataca.
Ahora requerimos recuperar la paz en nuestro suelo. Debemos capacitar a quienes ocupan estos cargos hoy en día (nuestros servicios de inteligencia policial deben evolucionar) y desenmascarar la red de corrupción atrapada en los órganos existentes hoy. Esto, además de la priorización en Asamblea de toda ley que beneficie la insulsa situación, es la única insinuación que podría convencerme de que no me están pidiendo que busque otro lugar para criar a mis hijos… en paz.