
Al reportaje de la periodista Ángela Ávalos ( La Nación, 17/8/08) titulado “Hospital de Turrialba lleva siete años esperando un anestesiólogo” , debo agregar que también lo esperan los hospitales de Guápiles, Limón, Nicoya, Ciudad Neily, todos los de la Meseta Central, etc.
Sin planificación. De acuerdo con los datos que ofrece el Dr. José Enrique Sotela en su libro “Reseña Histórica de la Anestesia en Costa Rica”, considero que los culpables de este faltante son los altos funcionarios de pasadas administraciones, que no planificaron los recursos humanos para el futuro y no aportaron soluciones eficaces perdurables en la formación de anestesiólogos. Posiblemente fueron escogidos por la politiquería y la ocurrencia y no por la eficiencia y evidencia. Como publicó recientemente el Dr. Jaime Gutiérrez: “Algo está podrido en Costa Rica”.
Revela el Dr. Sotela, en su libro, que en 1974 se iniciaron los cursos de postgrado en Anestesiología. En 1977 se graduaron dos, en 1978, cuatro, en 1979, uno, en 1980, siete y en 1981, cuatro. Lo más grave de esta falta de planificación fue que hizo caso omiso a la recomendación de la Unidad de postgrado de Anestesiología de mayo de 1988 de formar 12 profesionales por año hasta el año 2000, para compensar el faltante que se proyectaba por los profesionales jubilados, incapacitados, fallecidos, etc.
En la década de los 90, los residentes en la especialidad eran en su mayoría extranjeros, a tal grado que de los doce residentes de 1997, solo uno era nacional. Con esto, la CCSS se economizaba el pago de salarios y guardas, porque venían becados, y, por esa ocurrencia, hoy sufrimos la carencia. Al finalizar su formación, regresaban a sus países de origen. En la actualidad, con la nueva política de formación, se han ido repoblando los hospitales.
Por diversos factores, en años recientes el Hospital San Juan de Dios tuvo una fuga importante de anestesiólogos: de un total de 21 a tiempo completo y uno a medio tiempo a principio del 2005, cuando asumí la jefatura a mediados del 2006, de aquellos solo quedábamos seis de tiempo completo y seis de medio tiempo. Unos cuantos se fueron a la práctica privada, pero otros cambiaron de hospital debido a un clima laboral intolerable, según las razones de los que emigraron y a la inflexibilidad de horarios, de acuerdo con las conclusiones del estudio del clima organizacional que hizo la institución y fueron presentadas en octubre del 2006, errores a los que no se les prestó la debida atención y la jerarquía correspondiente no corrigió.
Esfuerzo y mística. Hoy, dos años después, con la colaboración y entrega del personal puedo decir, con satisfacción, que abrimos las 18 salas de operaciones y la mayoría de los servicios externos, donde brindamos asistencia anestésica. Si bien es cierto que aún nos falta personal, trabajamos con esfuerzo y mística por el bienestar de los asegurados, en un ambiente de aceptable armonía y compañerismo.
Las restricciones de permisos de salidas que menciona el artículo ya fueron parcialmente superadas, gracias a los convenios con la Dirección y la Gerencia Médica. Hoy son posibles, de manera mesurada, los cambios de turnos, permisos y coberturas, siempre que no vayan en detrimento en la prestación del servicio a los asegurados.
La solidaridad es parte de la convivencia humana y los principios cristianos, de tal manera que podemos brindar nuestros servicios a los que esperan en la Seguridad Social, sin renunciar por completo al patrimonio económico y familiar. Quiero ejemplarizar sobre esto la decisión del Dr. Hugo Maroto Zúñiga, quien a principio de este año solicitó un permiso sin goce de salario por seis meses, para dedicarse por completo a la práctica privada en Anestesiología y Algología, pero, ante el cuestionamiento de uno de mis residentes sobre quién le haría los procedimientos invasivos para el dolor a los pacientes del Hospital y que por su subespecialidad, solo él podía hacer, desistió del permiso solicitado. Nuestra profesión es de servicio para el que tiene y no tiene medios económicos, y existe un principio que dice: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Remacho con palabras del Evangelio: “No solo de pan vive el hombre”.