Las infecciones frecuentes adquiridas en el hospital que por años han ocupado las planas de la prensa escrita y otros medios de comunicación colectiva, son capaces de ocasionar graves trastornos a los pacientes internados en el nosocomio, en algunos casos hasta con la muerte.
Estas infecciones no son de la época reciente, como podría creerse, pues estas tienen su origen desde el mismo momento en que fueron creados los primeros nosocomios u hospitales en el mundo, aproximadamente, en el año 325 de nuestra era.
Peligroso hacinamiento. Lo que sí es cierto es que ningún hospital del mundo, rico o pobre, está exento del problema, aunque sí es más probable que la complicación ocurra en hospitales poblados, con pocos recursos económicos.
En estos casos, se han visto en la necesidad de recurrir al hacinamiento, y es el peligro que puedo observar en la maternidad del Hospital Calderón Guardia, sin que sea exactamente el caso, donde actualmente existe cupo para 24 pacientes encamadas, pero las circunstancias obligan al personal a destinar espacios hasta en los pasillos para poder atender la enorme demanda de pacientes que ese centro tiene.
Las vías por las cuales un paciente adquiere una infección hospitalaria, son varias; puede ser directa o indirecta, ya sea por medio de las manos o de materiales contaminados. El problema es que alrededor del 3 por ciento de los enfermos que se infectan en los hospitales fallecen, por lo que resulta necesario conocer el comportamiento de la mortalidad asociada a infección intrahospitalaria, sobre todo aquellas infecciones que ponen en riesgo la vida del paciente y que en orden de frecuencia son sepsis generalizadas, enfermedades broncopulmonares, infecciones del sistema nervioso, endocarditis bacteriana y otras sepsis.
Me parece muy riesgoso que en nuestro país tengamos hospitales sobre poblados. Cuando yo estudiaba Medicina, allá por 1957, en México sabíamos que el Hospital San Juan de Dios tenía cerca de mil camas y el hecho de que ese hospital fuera tan grande, hasta nos hizo sentirnos orgullosos. Sin embargo, con el tiempo transcurrido, eso no ha tenido cambio; el Benemérito Hospital continúa con una ocupación grande e incluso mal planificada.
En realidad, la infraestructura ha tenido apenas un aumento ligero en algunas áreas y servicios, pero la consulta externa y los pasillos cada día están más abarrotados de personas que se presentan al hospital en busca de atención médica, por lo general, de manera desordenada.
En estos casos, por más prevención que se quiera tener, el riesgo está ahí, latente, y en el momento menos pensado, alguno de los mecanismos posibles de infección puede aparecer; ya sea debido a diferentes microorganismos, entre ellos, los que favorecen las alteraciones en los mecanismos de defensa frente a las infecciones y los derivados del medio ambiente que rodea al enfermo.
Dependiendo de la estancia de un enfermo en el hospital, su microflora endógena llega a adquirir un papel importante en el desarrollo de las infecciones, pues al alterarse su composición normal tras su período de estancia, se ve favorecida su invasión, dada la frecuente ruptura de las barreras existentes en los pacientes hospitalizados.
Dentro de los agentes productores de infecciones del hospital, los más frecuentes son las enterobacterias, estafilococos y los hongos, como Candida sp., etc.
Infecciones frecuentes. Todas las infecciones intrahospitalarias son importantes y pueden llegar a ser de mucho riesgo; me refiero a todas, y no solo hablar de bacteria “come carne”, Clostridium y otras. Por ejemplo, la infección urinaria es una de las más frecuentes.
También, la infección quirúrgica, tanto de heridas superficiales como profundas, y así sucesivamente, como la infección respiratoria, usual en pacientes intubados, en muchas ocasiones mortal, lo mismo que la bacteriemia intrahospitalaria y otras.
Algunas medidas de prevención que se han tomado esporádicamente, no me parecen suficientes. Hace unos meses lo hicieron los bomberos, quienes, voluntariamente, limpiaron el puente elevado sobre el Paseo Colón, lugar donde las personas se orinan y defecan todos los días.
Por supuesto, habría que tomar medidas también en el parque de La Merced y las calles aledañas que rodean al hospital. Pero, ¿de qué vale hacerlo un día si nuestras autoridades municipales y la Fuerza Pública, por lo general apáticas, continúan permitiendo la contaminación, como también puede verse en los alrededores del Calderón Guardia, el Materno-Infantil Carit y la misma Clínica Bíblica, donde los indigentes hacen todas sus necesidades a vista y paciencia de estos señores?
De esos exteriores, sin duda, llegan las infecciones a nuestros hospitales y son las responsables de contaminar a los enfermos. También creo que Costa Rica necesita más hospitales, aspecto en el cual la CCSS, con sus políticas raquíticas, se ha quedado atrás.