
Independientemente de los gustos musicales de cada quien, es innegable el reconocimiento internacional que Bad Bunny ha alcanzado como artista. Acumula seis premios Grammy –incluido el de mejor álbum en 2026–, además de decenas de galardones musicales y nominaciones en otros ámbitos. El fenómeno es, sencillamente, incuestionable.
No fue casualidad que los organizadores del Super Bowl lo invitaran a presentarse en el espectáculo de medio tiempo de la final disputada entre los hexacampeones New England Patriots y los Seattle Seahawks, campeones en dos ocasiones. Con esa elección, la NFL (National Football League) logró su primer objetivo: que el evento estuviera en boca, ojos y oídos de todo el mundo.
A estas alturas, resulta difícil encontrar a alguien que no haya visto –o, al menos, oído hablar de– los 13 minutos de su presentación. La reacción fue polarizada: admiración fervorosa, por un lado, y críticas severas, por el otro. El presidente de Estados Unidos la calificó como “absolutamente terrible”. Con ello, la NFL consiguió un segundo objetivo: que el espectáculo no solo estuviera en la conversación pública, sino que llegara al corazón –o al hígado– de millones de personas.
Un mestizaje cultural consciente
Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre de pila del artista, reafirma desde la lengua española la tradición hispana de conservar tanto el apellido paterno como el materno, reflejo de una identidad genealógica compartida. Esa alusión, sutil pero significativa, dialoga con la idea histórica del mestizaje: la mezcla cultural que, desde hace siglos, define buena parte del mundo hispano.
Su puesta en escena integró referencias a la unión de culturas y generaciones. Se evocó, por ejemplo, el acceso democratizado a la música clásica en países latinoamericanos como Costa Rica y Venezuela, fruto de proyectos formativos de más de medio siglo. También destacó la imagen de una niña bailando con su abuelo octogenario, símbolo de vínculo intergeneracional, tan propio de tradiciones mediterráneas como americanas. La música de Rubén Blades, junto con la participación de los ticos Giancarlo Guerrero y Raúl Zúñiga, reforzó esa convergencia de mundos.
Caribe, identidad y memoria puertorriqueña
La escenografía celebró la cotidianidad caribeña y puertorriqueña: campos de caña de azúcar, piraguas, granizados (o “copos”, en Costa Rica), partidas de dominó, coco frío, barberías, salones de belleza, comercios de compra y venta de oro, guayaberas, pavas, panderos y güiros. También aparecieron espacios icónicos de la diáspora latina en Nueva York, como La Marqueta o el Caribbean Social Club de Toñita. La bandera puertorriqueña –la monoestrellada de fondo celeste– estuvo presente como emblema identitario.
En medio de esa celebración cultural, el artista recordó a las personas afectadas por “el Apagón” en Puerto Rico, aludiendo a sus controversiales y presuntas causas de corrupción.
Dentro de esa “casita” simbólica que representaba su universo cultural, aparecieron figuras como Pedro Pascal, Karol G y Jessica Alba. La participación de Ricky Martin, rodeado de bananales y sentado en una de las sillas blancas del montaje, aportó un tono nostálgico al interpretar un tema que denuncia el desplazamiento y la pérdida del territorio: “Quieren quitarme el río y también la playa… no suelten la bandera”.
Símbolos personales y mensaje final
La camisa de Zara que llevaba Benito, con el número 64, fue un homenaje a su tío Cutito Ocasio, quien jugó fútbol americano con ese dorsal. Desde esa dimensión íntima, el artista proyectó un mensaje de perseverancia y autoestima: “Vales más de lo que piensas”. La escena en la que un Bad Bunny adulto entrega su Grammy 2026 a un Bad Bunny niño reforzó esa narrativa de continuidad y fe en uno mismo.
Más allá de preferencias musicales o afinidades culturales, el artista nos recordó lo que significa ser americanos en América, el continente. Con la frase “seguimos aquí”, cerró su actuación, mientras se proyectaba el mensaje “el amor es más poderoso que el odio” y anotaba simbólicamente un touchdown con un balón que decía “juntos somos América”.
El espectáculo, así, trascendió lo musical para convertirse en una afirmación cultural, política y humana sobre pertenencia, memoria y dignidad.
fernandollorcacastro@yahoo.es
Fernando Llorca Castro es exministro de Salud, expresidente ejecutivo de la CCSS y exembajador de Costa Rica en Estados Unidos.