¿Requerirá más valor vivir que morir? ¿Luchar y no rendirse? ¿Vencer el miedo? Aunque el cielo esté cubierto de estrellas y sean invisibles durante el día, tuve la oportunidad y el asombro de encontrarme con una de ellas.
En medio de la prisa, del ir y venir cotidiano, la encontré en los bajos de un puente mientras esperaba el cambio de semáforo. Un adulto mayor. Trabaja todos los días. Vende cosas sencillas, pero útiles. Tiene el don del buen ánimo. Lo he venido observando. Sus días son largos. Se cansa, pero a nadie le niega una sonrisa. Espera la caída de la tarde, la hora del descanso.
Pasaron los días y dejé de verlo. Me entristecí pensando que algo le había sucedido. Su fragilidad era palpable. Extrañaba su presencia, el valor de su ejemplo. Su amable sonreír y mirar.
Felizmente, regresó a su acostumbrado portal en el puente. Ahí estaba la bandera de Costa Rica que siempre lo acompaña y de la cual se enorgullece. Llevaba una camisa blanca que decía: “Es un privilegio ser adulto mayor”.
Viviendo. Ese día conocí su nombre y su edad. Me comentó que había estado enfermo, pero no quería quedarse en su casa porque se deprimía. Que lloraba. Recordaba que en el hospital Blanco Cervantes le aconsejaron: “Camine, converse y sonría”. Vivir es relacionarse y esto requiere de humanismo, algo de lo que Humberto goza. El semáforo cambió. Tuve que dejarlo.
Es costarricense ser trabajador. Ser educado. Tener fe y esperanza. No lo es ser vago, ladrón o arrimado. Humberto, a sus 79 años, trabaja para vivir. Comunica la dignidad de quien se sabe valioso. Hace patria y no “vive de la patria”. Nos recuerda que nuestra bandera tiene un significado así como nuestra vida. Que el tiempo es breve.
Llega la noche y como dice Chevrot: “Cuando salgamos de este mundo tenemos que haber dejado impreso nuestro paso, dejando la tierra un poco más bella y al mundo un poco mejor”. Obra maestra, saber vivir, saber envejecer, saber morir.
Coincido con que en las cosas pequeñas, más que en las grandes, se conoce muchas veces a los hombres valerosos. “El valor hace linaje”. Dios ayuda al humilde, al sencillo. Ayuda a Humberto y a tantos grandes hombres y mujeres que nos regalan la fortaleza de su ejemplo. Partirá como vivió, con dignidad. Le abrazará el cielo, y será como una estrella para toda la eternidad.
La autora es administradora de empresas.