A inicios de octubre, por una noticia publicada en este periódico, nos enteramos de que el asesor legal de la directora ejecutiva de la Unión Nacional de Gobiernos Locales (UNGL) ejerció una supuesta presión sobre la entonces jefa de Recursos Humanos para que contratara a la hija de un exdiputado en un puesto para el cual no cumplía con los requisitos.
El asesor quería discutir con la jefa, al parecer, cómo acomodar un oficio con el propósito de hallar “algún huequito” con el fin de colocar a la muchacha.
Las palabras del asesor fueron confirmadas mediante un audio. Sería injusto otorgarle a ese asesor el privilegio de la exclusividad en la práctica de escarbar huecos. El universo se amplía cuando la búsqueda de huecos o nichos donde meterse comprende a las empresas del Estado, como el ICE, el INS y los bancos, y al resto de las instituciones.
La Junta de Protección Social, por ejemplo, ha cavado multitud de huequitos donde entierra una pródiga cantidad de juegos y premios que los ciudadanos ansiosos se lanzan cada día de la semana a probar su suerte con las raspas y tiempos o el primate Tres Monazos.
Así como hay huecos que abren una oportunidad de expansión, también los hay que se han hecho para tapar subterráneas acciones. Es así como en los últimos tiempos nos hemos enterado de hoyos en instituciones públicas en los que se intentaron esconder contratos improcedentes, negociaciones opacas, compromisos y privilegios velados, ignorando las normas de la Administración Pública.
La erosión de la probidad actúa como un barreno que profundiza los huecos para que en ellos también resbalen como cosas desechables la imparcialidad, la justa ponderación y la objetividad en los asuntos públicos.
Con claro juicio, la administradora Helena Fonseca Ospina lo explicó en un artículo publicado en esta sección el 14 de octubre: “La crisis que atraviesa Costa Rica no es de estructuras, leyes ni normas, sino de conducta. Es una crisis de ética”. ¡Con cuánta facilidad esta palabra cuelga de la boca de muchos y con qué calculada conveniencia la convierten en arcilla para modelarla conforme a sus intereses!
Cuando la conducta de los funcionarios derriba las paredes que separan lo correcto de lo incorrecto, la moderación sucumbe ante la arbitrariedad y la sensatez.
Haríamos bien en tener presente que la ética es (contrario a una cavidad) una palabra llena de un contenido, que se derrama en la práctica personal de principios y valores, lo cual significa que es vivencia y no solamente discurso, una guía que se concreta en la conducta de las personas que perseveran cada día para evitar que la integridad y la honestidad se hundan en los huecos que se cavan cuando se vive de modo antiético.
Causa repudio saber que hay gente vistiéndose con las ropas de los principios y valores solo para convertirlos en andrajos, tal el lucrativo y oportunista uso que hacen de ellos.
Tengo la convicción de que la mayoría de los costarricenses provenimos de una buena semilla, depositada en los huequitos de una tierra fértil y generosa en valores.
Los valores son la voz interior que nos dice cuál es el camino por el que deben ir nuestras acciones. Quienes en la función pública han cerrado los oídos de la conciencia a esta voz están tan extraviados que en vez de caminar se detienen, arrodillan y con sus propias manos cavan huecos en los que sepultarán sus principios.
Con tan grande cantidad de ética pública enterrada, tiemblo al pensar que nuestro país pueda hundirse en un socavón del cual saldremos a duras penas y lamentándonos de haber perdido los valores que forjamos a lo largo de nuestra historia y que un día nos distinguieron.
El autor es educador jubilado.