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Foro: Un placer milenario

Las aguas termales son beneficiosas para el organismo, pero no deben usarse como las piscinas.

Las aguas termales brotan del suelo con una temperatura 5 °C mayor que la de la superficie. Poseen altos contenidos minerales tradicionalmente utilizados con fines terapéuticos y estéticos.

Los primeros en sacarles provecho fueron animales como monos, osos, jabalíes, gallos, garzas y otros cuyo propósito era curar sus heridas o excoriaciones ocasionadas en su diario vivir.

Luego, los seres humanos primitivos de la Edad de Piedra aprendieron de los animales los beneficios de este tipo de aguas. Es así como existe evidencia de balnearios termales de hace 2.000 años a. C. En la India, Grecia y la isla de Creta, hubo entre 1700 y 1400 a. C.

Fuentes nacionales. En Costa Rica, Guillermo Alvarado y Asdrúbal Vargas llevaron a cabo un recuento cronológico del descubrimiento y aprovechamiento de las fuentes termales desde la época precolombina e identificaron 200 fuentes en el último siglo.

La clasificación según los tipos de aguas termales se efectúa de acuerdo con la temperatura y composición mineral. Con respecto a la temperatura, la clasificación es la siguiente: aguas frías (menos de 20 °C), hipotermales (de 20 °C a 35 °C), mesotermales (de 35 °C a 45 °C), hipertermales (45 °C a 100 °C) y supertermales (100 °C a 150 °C).

Por su composición química, existen aguas ferruginosas (con grandes contenidos de hierro), eficaces para paliar ciertas carencias y dolencias hepáticas; cloruradas (exceso de cloruros), cuyo beneficio es la estimulación de las secreciones digestivas; sulfuradas y sulfurosas (con mucho azufre), muy utilizadas en la hidrología médica para eliminar agentes infecciosos; sulfatadas, es decir, con elevados contenidos de azufre, sodio, calcio, magnesio o cloro; y bicarbonatadas y alcalinas, recetadas para atenuar la acidez gástrica.

Beneficios y riesgos. Fundamentados en estas características, en términos generales, las aguas termales tienen efectos positivos en el cuerpo humano, relacionados con aspectos biológicos, físicos, químicos y de relajamiento mental. No obstante, utilizarlas como si fueran piscinas de agua dulce facilitan la entrada de ciertos protozoarios, como amebas de los géneros Naegleria y Acanthamoeba, ambas de vida libre, pero causantes de meningoencefalitis y problemas oculares.

Cuando los bañistas usan toboganes y trampolines, nadan o se consumen en dichas aguas, favorecen la entrada por la nariz de esas amebas, de las cuales específicamente la Naegleria fowleri puede causar deterioro del cerebro y la muerte en pocos días.

No deben satanizarse las fuentes o centros recreativos termales, por el contrario, debido a su atractivo turístico y la generación de empleos, lo lógico es informar y educar a la población sobre el adecuado uso de este tipo de aguas.

dmora@aya.go.cr

El autor es salubrista público.