Carlos Manuel Echeverría E.. Hace 5 días

El título de este artículo es una máxima en la administración pública o privada, sea usted el presidente de un poder de la República o el gerente de una pequeña empresa.

Si quien se ha comprometido con el jerarca a completar una gestión se sale del marco acordado y el legal, debe asumir su responsabilidad, salvo que el segundo, por a o por b, decida acuerparlo.

Hago el razonamiento del párrafo anterior porque podría darse que el presidente y el Congreso, como un todo o por mayoría, decidieran que no irán más lejos de lo que los dos diálogos intersectoriales que se están realizando pretendan cogobernar, lo que tampoco es correcto.

Esos diálogos, especialmente el de la Asamblea de Trabajadores del Banco Popular, que no incluye al que tiene lugar en el Estadio Nacional, no son más que procesos cuyos acuerdos entre partes, con dictamen de minoría para cada tema o sin este, no son vinculantes.

El diálogo y el debate entre partes de un mismo rompecabezas es enriquecedor y elemento fundamental de la democracia que me gusta, la participativa, que va de la mano de la representativa.

Tomar nota. Los diálogos han servido para que la sociedad civil, por medio de sus estamentos organizativos, opinen sobre asuntos diversos. Sin embargo, es necesario llamar la atención en lo siguiente:

1. Un diálogo de la naturaleza y objetivos de los dos que comenté, requieren una visión compartida del país, a la que deben apuntar las propuestas y compromisos. Hay que definir claramente qué impide ir hacia esa visión.

2. Muchas de las propuestas son absurdas, lo que es inevitable y depende en gran medida de la preparación y qué tan informados estén los participantes en el debate.

3. Se rechazan propuestas que tienen su lógica y apuntan al meollo del problema simplemente por defender intereses de grupo o asumir lo que en inglés se le dice nimby (en castellano no en mi patio trasero).

4. Se ha evadido el problema fundamental y apremiante: tenemos un aparato estatal ineficiente e ineficaz, del doble del tamaño que debería, según la OCDE.

Hay que reducirlo y hacer que acabe con la evasión impositiva y que luche contra la elusión. Ese cambio toma tiempo y para financiarse y mantener el necesario aparato estatal y la socioeconomía funcional es necesario que la banca internacional le preste en condiciones favorables.

Para ello, es preciso el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en lugar de vilipendiarlo, aquellos que no saben qué es, deberían agradecer que existe, para acompañar los grandes cambios como los que debe realizar Costa Rica de una forma u otra: sin el FMI y sin tocar las reservas, porque no se puede, como se ha explicado hasta la saciedad, lo haremos con sangre, sudor y lágrimas, porque la economía sensata, como ciencia que es, no miente. Con el FMI a bordo será más fácil.

Optimismo. Pareciera que ninguno de los dos diálogos enfrentará el asunto con entereza, lo que era previsible, pues el temperamento social costarricense apunta en esa dirección.

No quiero decir que no se han planteado valiosas ideas para la reactivación económica y tratamiento de la crisis sanitaria, pero su ejecución es apremiante.

Todo eso nos lleva al título de este artículo: «Se delegan funciones, no responsabilidades». Le corresponderá al Poder Ejecutivo, al Congreso y a la Sala Constitucional hacer viable el curso de acción que mencioné en el punto cuarto.

No puedo dejar de ser optimista. El Poder Ejecutivo y el Congreso, con sus debilidades y todo, han liderado procesos positivos y la Sala ha estado a la altura mucho más que menos. Reitero: no puedo dejar de ser optimista.

El autor es exviceministro y exsubdirector de Ofiplán.