Quiero comenzar este artículo haciendo una aclaración. Esta no es mi opinión. Lo que voy a resumir en este artículo es el resultado de años de investigación académica sobre el derecho humano a la alimentación y el problema del hambre en Costa Rica.
Algunos de los resultados de la investigación ya fueron publicados como capítulos de libros académicos, editados por editoriales del prestigio de Springer y Rowman & Littlefield, y me encuentro trabajando en los productos finales.
Digo esto porque las afirmaciones que haré no son mis opiniones personales. Pasaron el filtro de la evaluación académica. Entonces, cuando afirmo que el recorte presupuestario hecho a los CEN-Cinái, aprobado por una mayoría en la Asamblea Legislativa hace unos días, constituye una violación de los derechos humanos de las niñas y los niños en situación de pobreza, no es una opinión antojadiza de mi parte. Lo que afirmo es un hecho.
Uno de los principios básicos que orienta el reconocimiento internacional de los derechos humanos es el principio de la no regresividad.
La norma establece que los Estados no pueden adoptar ninguna política pública o legislación que implique un retroceso en los derechos humanos.
El derecho a la alimentación que asiste a todos los niños y a todas las niñas en este país es un derecho fundamental. El Estado tiene la obligación ineludible de cumplir las obligaciones derivadas de ese derecho, muy especialmente para la niñez en pobreza.
Servicio histórico. Uno de los más valiosos y ejemplares mecanismos públicos que existe para responder a esa obligación ético-política es el CEN-Cinái.
En toda América Latina no existe un programa de tan larga data que haya acumulado tantas experiencias exitosas en la atención integral de la niñez vulnerable.
Los CEN y los Cinái no son solo comedores. No son solo centros de distribución de alimentos para familias en extrema pobreza. Son pilares sobre los que se sostiene la —hoy vulnerada— paz social.
En estos centros no solo se alimenta, de manera nutricionalmente óptima, a los niños y a las niñas que asisten diariamente, también se les brinda estimulación intelectual y afectiva, se da educación a las madres y a los padres, y una atención muy cercana a las adolescentes madres.
El apoyo comunitario que brindan los CEN-Cinái ha marcado la diferencia para miles de personas durante varias generaciones.
Más que un empleo. El seguimiento que las funcionarias de los CEN y Cinái dan a las familias va mucho más allá de lo que está establecido como obligaciones laborales.
Las directoras de los centros, las maestras, las nutricionistas y las cocineras que trabajan en los CEN y Cinái son un ejemplo de lo que significa la ética en la función pública.
Están trabajando para que esas niñas y esos niños tengan una niñez digna y, en esa medida, también el país pueda imaginar un futuro esperanzador.
Pero los CEN y Cinái siempre trabajan con las uñas. Y ahora, en plena crisis global, una mayoría en el Congreso aprobó una irresponsable y populista moción de recorte del presupuesto nacional, que afecta directamente el funcionamiento de este programa.
En lugar de recortar los gastos de combustible a los diputados y a las diputadas, optaron por la austeridad haciendo un mamarracho de moción en nombre de la «responsabilidad fiscal». Resulta que responsabilidad fiscal equivale a dejar con hambre a niños y niñas de comunidades cada vez más empobrecidas.
Es una violación de derechos humanos, porque incumple el principio de la no regresividad. Es una atrocidad cometida desde la más brutal ignorancia e irresponsabilidad.
Niños con hambre. Los invito a visitar centros como el CEN-Cinái de Tirrases para que vean con sus propios ojos a qué me refiero.
Este desaguisado debe resolverlo de algún modo el Poder Ejecutivo, porque bajo ninguna circunstancia debemos tolerar que más niños y niñas vivan con hambre y que más madres en condiciones de pobreza se vean al borde de la desesperación porque no tienen cómo alimentar a sus hijos.
Cierro este artículo, ahora sí, con una opinión. Me parece un gesto de la más burda hipocresía que todos los diputados que se autodenominan provida hayan votado a favor de una moción promuerte. El hambre, en la primera infancia, termina produciendo dos cosas: enfermedades crónicas y violencia.
La autora es bioeticista y consultora en derechos humanos.