Orlando Jaramillo Antillón. 10 diciembre, 2019

La detección a tiempo del papalomoyo o Leishmaniasis cutánea es crucial porque deja cicatrices muy grandes y feas, especialmente en la cara, que marcan a los niños menores de 10 años para toda la vida.

Existe un nuevo medicamento, de uso oral, que se ingiere dos veces al día durante 28 días, el cual ha demostrado eficacia. Es una opción para aquellos organismos que no responden a los antimoniales o les están contraindicados por los efectos colaterales u otras enfermedades de fondo. También hay un medicamento inyectado por vía intravenosa para los pacientes inmunosuprimidos o con sida que sufren Leishmaniasis cutánea.

Existe desconocimiento entre el personal de salud y en la población en general sobre la enfermedad, presente en todo el país con excepción de Guanacaste. Durante el 2017, hubo un aumento significativo y se llegó a 2.224 casos.

Los dos medicamentos sugeridos no han llegado al país. El Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa) debería preparar un antígeno que permita un diagnóstico presuntivo y conocer, a la vez, la respuesta inmunológica en cada paciente, que servirá para que el médico oriente mejor el tratamiento en cada caso.

Historia. La presencia de la Leishmaniasis cutánea fue detectada por el Dr. Clodomiro Picado en 1914, pero el reporte del primer caso fue hecho por el Dr. Antonio Peña Chavarría en 1924.

Es conocida por quienes viven en el campo como papalomoyo —del náhuatl papalotl, que significa mariposa, y moyotl, mosquito— lo que sugiere que existía en nuestro medio desde tiempos precolombinos.

Es una enfermedad parasitaria crónica, causada por un protozoo del género Leishmania y se transmite por la picadura de un mosquito hembra. Se presenta en adultos y más en los niños en forma de llagas en la piel o ulceraciones en la faringe o la nariz, que incluso las destruyen. Una forma linfática afecta los ganglios.

Ataca en especial a quienes viven o laboran en el campo, pero también a los trabajadores viales y de las industrias ubicadas en zonas endémicas. La frecuencia ha aumentado debido al turismo ecológico, pues los extranjeros visitan bosques o selvas, hábitat de mosquitos y del parásito.

Falta educación. Existe desconocimiento entre el personal de salud y en la población en general sobre la enfermedad, presente en todo el país con excepción de Guanacaste, en donde solo se han reportado casos en La Cruz. En esa provincia no hay bosque húmedo, por tanto, no se encuentran los vectores ni los reservorios —perezosos y ratones silvestres—.

La incidencia se ha mantenido en una tasa de 34,9 por cada 100.000 habitantes. Durante el 2017, hubo un aumento significativo y se llegó a 2.224 casos (una tasa de 44,95 por cada 100.000 habitantes)

Desafortunadamente, desde 1999, en Costa Rica existe una forma de Leishmaniasis que ataca las vísceras —hígado, bazo—, médula ósea. Dos pacientes fallecieron por esta causa.

La cura. El tratamiento consiste en la aplicación de una inyección intramuscular de un antimonial en cada glúteo, por 20 o 30 días, dependiendo de cada caso, lo cual es doloroso y tiene efectos colaterales serios, en ocasiones.

Desde hace varios años, se insiste tanto al Ministerio de Salud como a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) en la necesidad de formar un consejo asesor multidisciplinario para poner en operación un programa nacional para el control de la enfermedad, prevenirla, tratarla y mejorar la calidad de vida de quienes la sufren.

En las zonas endémicas, a los residentes y turistas se les debe aconsejar utilizar repelentes, camisas de manga larga y pantalones largos y mosquiteros al dormir. También, debe advertírseles que no deben andar fuera de la casa entre las 5 y las 8 p. m. para prevenir los piquetes del mosquito. Rociar insecticida en las cortinas ha derivado en una reducción de los casos, pues es el lugar donde permanece el mosquito hembra.

Combate de la enfermedad. Es necesario un programa de educación que brinde información amplia sobre la enfermedad y cómo prevenirla, lo cual facilitaría un diagnóstico temprano y el tratamiento rápido con mínimas secuelas para evitar la automedicación con remedios caseros.

Al mismo tiempo, debe establecerse un programa para el adiestramiento del personal de salud, de los laboratorios de la CCSS y particulares, especialmente de quienes trabajan en los Equipos Básicos de Atención en Salud (Ebáis), basado en el diagnóstico y tratamiento tempranos.

El autor es médico, catedrático de la Universidad de Costa Rica.