El nacimiento de Jesús de Nazaret es un hecho histórico. Sabemos que nació en Belén de Judea, provincia del imperio romano. Sabemos que pasó por la tierra haciendo el bien. Su madre se llamaba María y su padre José. Era carpintero. Nació sobre el pesebre de un establo porque no había lugar en la posada. Entró en la historia sin ruido, en medio de dificultades. Le recibieron pastores, gente sencilla y humilde y los Reyes Magos que vinieron desde Oriente. Su nacimiento dio origen a la Navidad, del latín nativitas: «nacimiento».
La Navidad es una celebración que une a muchas naciones, culturas y que se renueva cada año. El arte ha querido expresarlo de mil maneras, la literatura también. El nacimiento de Jesús, también llamado Cristo (del griego antiguo Christós) ha sido un «parteaguas» en la historia, pues ha marcado «un antes y un después».
¿Existe algo crucial y decisivo en este acontecimiento? ¿Trasciende el hecho histórico? Quizás adentrarse en esta respuesta, en este misterio, sea un camino muy personal.
El papa Francisco, en su mensaje navideño del 2016 externó las siguientes palabras: «Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida. Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir. Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, la alegría y la generosidad.
»Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje, de paz, de justicia y de amor. La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor. Eres también los Reyes Magos, cuando das lo mejor que tienes sin importar a quién. La música de Navidad eres tú cuando conquistas la armonía dentro de ti. El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano. La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está inscrita en tus manos.
»La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y reestableces la paz, aún cuando sufras. La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado. Tú eres, sí, la noche de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones; tú eres sonrisa de confianza y de ternura, en la paz interior de una Navidad perenne que establece el Reino dentro de ti. Una muy Feliz Navidad para todos lo que se parecen a la Navidad».
Este es un tiempo para donar, no de compromisos; de ser compañía, comprensión, consuelo y ayuda muchas veces invisible. Estos son los verdaderos regalos de la Navidad. Algunas sillas de nuestra mesa pueden estar vacías. Una ocasión para abrirnos a los que están solos, desamparados y olvidados. La Navidad más que una fiesta es un encuentro. Un encuentro con «el modo de ser de Dios». Creer en la Navidad es creer en un Dios que nos espera siempre y que nos ama a todos, sin distinción de raza, cultura o credo. ¡Feliz Navidad!
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La autora es administradora de negocios.