Rafael León Hernández. 15 mayo

La insistencia de los partidos políticos en afirmar que tienen tribunales de ética que imponen sanciones solo muestra una profunda ignorancia sobre lo que es realmente la ética o, lo que sería peor, que la están desvirtuando intencionalmente.

No trato calificar de inapropiado que una organización regule la conducta de sus miembros y, eventualmente, los sancione cuando sea necesario.

El problema es dar a entender el uso de la ética con ese fin porque se llega a creer que se trata de eso: vigilar y castigar, lo cual se vuelve tan peligroso como hacer que las personas piensen que el fin del sistema educativo es reprobar a los estudiantes o el objetivo de la medicina es hacer autopsias.

Creer que la ética se usa para sancionar es tan insensato como pensar que dando vitaminas a un difunto se mantendrá sano. Básicamente, no aplica.

Si se juzga la conducta de otra persona y se impone un castigo, no se trata de ética, así de simple. Podrá ser un tribunal disciplinario, quizá deontológico, pero jamás de ética. Lo mismo sucede en los colegios profesionales u otro tipo de organizaciones.

Si bien la ética aplicada se interesa en el comportamiento humano, pretende que cada persona sea capaz de tomar decisiones de forma sensata y actuar en consecuencia; su fin jamás es condenar los actos de los otros, mucho menos sus intenciones.

Cierto es que un castigo contra otra persona puede convertirse en una especie de advertencia para que no hagamos lo mismo, mas no podemos afirmar que eso solventa el asunto preventivo.

Volviendo a la conocida analogía de la medicina: está bien que haya tratamientos para cuando enfermamos, pero es mucho más necesario conocer las medidas que podemos tomar para prevenir la enfermedad.

Quienes deciden seguir esas medidas no lo hacen simplemente por miedo a enfermar como otros lo han hecho, sino por un compromiso con su propia salud; es allí donde se ubica la ética, en actuar por convicción, no por imposición.

Ubicar erradamente la ética en lo correctivo es como pensar que cuidar el ambiente se limita a depositar los residuos en el recipiente adecuado, sin importar los hábitos de consumo, o que se cuida la dieta ejercitándose después de atiborrarse de frituras.

Se regula la conducta de forma disciplinaria cuando alguien fue incapaz de autorregularse éticamente, por lo tanto, un único favor pido a los partidos políticos: llamen a sus tribunales disciplinarios de la forma correcta. La ética les estará eternamente agradecida.

El autor es psicólogo.