Cecilia Cortés Quirós. 22 febrero
 Angela Merkel en el Bundestag el 13 de enero del 2021. Foto AFP
Angela Merkel en el Bundestag el 13 de enero del 2021. Foto AFP

La canciller de Alemania, Angela Merkel, dejará el cargo en octubre, tras cuatro mandatos consecutivos, es decir, dieciséis años al frente del gobierno de una de las naciones más poderosas del planeta, factor de estabilidad y equilibrio político y económico en el sistema y la geopolítica internacional.

De ella, dijo el sociólogo Ulrich Beck, que su estilo componedor la ayudó a llegar a ser la máxima líder de Europa. La consultora Eurasia, por su parte, asegura que, sin las habilidades políticas de Merkel, la Unión Europea se habría enfrentado a una división interna sin precedentes, con Polonia y Hungría, por un lado, y, los demás 25 Estados miembros, por el otro; también estuvo en riesgo la unidad de Francia y Alemania, con sus puntos de vista opuestos sobre el futuro de Europa.

La reciente biografía de la canciller, subtitulada La física del poder, en alusión a su formación en física, de la que posee un doctorado obtenido con las máximas calificaciones en la Universidad de Leipzig, relata cómo su formación en una ciencia exacta fue fundamental en la configuración del carácter y el desempeño de la gobernante.

Así, no toma ninguna decisión sin antes aplicarle el método científico y asegurarse de los pros y los contras de diferentes escenarios para resolver situaciones. Opina que solo por medio del conocimiento de todos los detalles de un proceso es posible tener el control de la situación.

Testigo de la historia. La primera etapa de su vida, hasta graduarse en la universidad, transcurrió por azares del destino en la Alemania comunista, en un pequeño poblado llamado Templin, adonde su padre, pastor protestante, fue enviado a hacerse cargo de la iglesia local.

Vivir en un sistema autoritario y ser testigo de la caída del muro de Berlín, en 1989, fueron otros acontecimientos de orden mundial que terminarían de solidificar la personalidad de Merkel. Eso le enseñó a ser discreta, limpia, cuidadosa y celosa de su privacidad como máximas de supervivencia.

A partir de ahí, participó directamente en el proceso de la reunificación alemana como primera diputada en el primer Parlamento, en 1990. En esa década fue promovida por Helmut Kohl a ministra para la mujer y la juventud y, luego, ministra de medioambiente.

En el 2002 volvió al Parlamento y fue presidenta de su partido, la Unión Democristiana. El 22 de noviembre del 2005 fue la primera mujer canciller y jefa de Gobierno de Alemania, teniendo que conformar en sus mandatos coaliciones con los partidos socialdemócrata y el liberal, lo que denota su enorme habilidad para la negociación de acuerdos políticos de gran envergadura.

Vocación de servicio. Se autodefine como la primera empleada de la nación, y se caracteriza por su pragmatismo, aunque eso implique flexibilidad ideológica, lo que se vio en las graves crisis de refugiados sirios, así como el uso de energía nuclear que pusieron a su país y a Europa en jaque.

Lo que se ha llamado el método Merkel para gobernar incluye, entre otras cosas, la inexorabilidad, el acatamiento inflexible de las normas y, si no está de acuerdo, el seguimiento de la legalidad para cambiarlas, la incorruptibilidad y la gobernabilidad como sinónimo de servicio.

Con vistas a los comicios nacionales del 2022, vivimos una proliferación de precandidaturas presidenciales variopintas y para todos los gustos, por lo que vale la pena poner en perspectiva el significado de aspirar a desempeñar la primera magistratura del país, porque mucho de lo que vemos en el horizonte son ocurrencias cantinflescas.

No pocos quedamos estupefactos por la ligereza irreflexiva con que surgen aquí y allá precandidatos a la presidencia, lo cual pone de manifiesto la devaluación que la política ha tenido en las últimas décadas.

Nos ha tocado presenciar, penosamente, desde un candidato bailando buguibugui en una tarima hasta lamentar que hace rato en el país cualquiera llega a ser diputado, ministro, embajador o presidente de la República sin tener las credenciales mínimas para un buen desempeño: el saber técnico (sólida formación académica) y el saber gestionar (habilidades blandas), así como el respeto irrestricto por los valores y principios éticos.

En medio de este turbio panorama político nacional, la figura de la canciller Angela Merkel es un indiscutible modelo del que la pléyade de aspirantes presidenciales novatos, y a veces hasta sin gusto y glamur, tienen mucho que aprender.