Guillermo Alfonso Brenes T.. 4 agosto

Jesús Jiménez Zamora es una de las figuras más distinguidas y polémicas de la historia política costarricense. Médico por el protomedicato de la Universidad Pontificia de San Carlos Borromeo de Guatemala, fue diputado, gobernador de Cartago en la década de los cincuenta del siglo XIX, secretario de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, vicepresidente y, luego, presidente de la República en dos ocasiones: de 1863 a 1866 y de 1868 a 1870.

Su papel fue fundamental en la construcción de la institucionalidad costarricense gracias a su firme determinación. De allí que eliminara el Congreso en 1863, cuando trataba de limitarlo, y se enfrentó a los comandantes Máximo Blanco y Lorenzo Salazar en su segundo gobierno al decretar, en 1868, que la comandancia general del Ejército aglutinara la hegemonía sobre las tropas y los cuarteles. Sin embargo, también persiguió a sus adversarios políticos, a quienes detuvo o exilió, por lo cual fue ganando enemigos.

El 27 de abril de 1870 fue depuesto por un golpe de Estado efectuado por el entonces coronel Tomás Guardia Gutiérrez y un grupo de militares alajuelenses, en un intento de la élite cafetalera por controlar la “deriva autoritaria” del gobierno de Jiménez. Valga decir que Jesús Jiménez convocó una asamblea constituyente que emitió la carta magna de 1869, y consiguió del Congreso facultades absolutas para hacer frente a los problemas del país y promover el progreso y bienestar. Como buen liberal, fortaleció la educación pública mediante la construcción de escuelas y abrió las puertas del Colegio de San Luis Gonzaga.

Carácter sagrado. La “sacralización” secular de su figura se inició con sus imponentes funerales en Cartago, en febrero de 1897. En la ceremonia se pronunciaron diversos discursos políticos que exaltaron al expresidente y benemérito de la patria. Fueron comunes los calificativos de hombre probo, desinteresado, digno de imitar por la ciudadanía y consagrado al servicio de la nación costarricense.

En ese corpus, que circuló ampliamente en la prensa de la época, se ocultó o minimizó cierta tendencia hacia al autoritarismo impregnada en el ejercicio del poder político de Jiménez.

En suma, el óbito significó su desaparición física, pero, inmediatamente, pasó a simbolizar la nación costarricense por medio de un conjunto de valores cívicos necesarios para consolidar la idea de una “comunidad imaginada”.

Representaciones plásticas. La "pedagogía del hombre ilustre” fue fundamental en el proceso de fabricación del Estado y de la nacionalidad costarricense. En este sentido, influyó el rescate oficial de algunos notables de la República en detrimento de otros, básicamente, por razones político-ideológicas.

Sin duda, hay una relación recíproca entre arte y política. En el caso de la figura del expresidente cartaginés, su imagen se plasmó en la pintura y la escultura.

Un retrato al óleo, en el salón de sesiones del Palacio Municipal de Cartago, transmite una imagen patriarcal de Jiménez. En la pintura, obra del cartaginés Juan Andrés Bonilla Mata, no tiene una postura espontánea, pues se trata de plasmar la dignidad política del personaje. Jiménez está representado en postura de tres cuartos, en una paleta de tonos oscuros y sobre un fondo liso.

Otro caso es la estatua, fundida en bronce por el reputado escultor venezolano Eloy Palacios Cabello, en 1901, de 2,5 metros de altura y que lo presenta de cuerpo entero, rostro altivo, vestido con traje de levita.

Una imagen extraordinaria y potente de un hombre de carácter fuerte y firmes convicciones. Es el ejemplo más representativo de la escultura cívica monumental en Cartago.

Al tenor de lo expuesto, resulta pertinente profundizar en el análisis de la construcción simbólica de la figura de Jesús Jiménez Zamora desde la perspectiva de sus representaciones estéticas y los usos políticos de su imagen en el periodo de tránsito del siglo XIX al XX.

El autor es historiador.