Jorge Sequeira Picado. 30 junio

En la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde), somos optimistas sobre el futuro de Costa Rica. En 37 años de trabajo, hemos sido testigos de la capacidad de nuestro talento humano y de su habilidad para adaptarse a la dinámica internacional de los negocios.

Enfrentamos hoy un nuevo reto: la cuarta revolución industrial, la cual, a la vez, representa la gran oportunidad de posicionar al país en la nueva economía del conocimiento de la mano de nuestro recurso humano.

La única forma de afrontar el desafío está en la educación. En Cinde, conscientes de ello, damos nuestro apoyo a todas aquellas iniciativas que fomentan la mejora de nuestro talento.

Oportunidad. Por lo anterior, vemos con gran agrado los avances en el proyecto de educación dual, el cual pretende combinar la educación formal con prácticas profesionales en empresas del país. Este programa constituye una de las propuestas más importantes de los últimos años para reducir la deserción y la desigualdad, ya que aporta a los sectores más vulnerables las herramientas para optar por empleo de calidad.

El mayor éxito de este híbrido de aprendizaje en el mundo lo alcanzó Alemania, donde dos terceras partes de la población han desarrollado sus capacidades bajo este modelo. Dicha nación basa su economía en un sistema de educación dual en el cual el 50 % de sus jóvenes tiene la posibilidad de formarse en alguno de 326 oficios.

No en vano la República Popular China ha sido una de las naciones que ha intentado seguir esta corriente, con el interés de generar mayores índices de movilidad social.

Una población que se desarrolle profesionalmente nos traerá menos pobreza, más seguridad, más innovación, mayor recaudación tributaria y un sinfín de beneficios. Si no modernizamos nuestro sistema educativo, no podremos aprovechar las grandes ventajas de esta apuesta económica, ni el gran talento que tenemos los costarricenses. Debemos movernos en esa dirección antes de perder nuestra oportunidad.

Baluarte. La formación del talento humano es fundamental para acabar con el desempleo permanentemente. En ese sentido, el proyecto que está en la corriente legislativa es un gran paso.

Los jóvenes deben apostar por carreras universitarias y grados técnicos que les permitan alinearse con el modelo de desarrollo costarricense; sin embargo, como país, debemos asegurarnos de darles las herramientas adecuadas para lograrlo. Es vital una mayor colaboración entre las empresas privadas e instituciones públicas como el Ministerio de Educación Pública y el Instituto Nacional de Aprendizaje.

Actualmente, la brecha entre oferta y demanda de técnicos especializados hace que muchos de los puestos disponibles en ciertas empresas no puedan ser ocupados, y así dejamos escapar una oportunidad de oro para beneficiar nuestra economía.

Según datos de la Encuesta Continua de Trabajo, hecha por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social este año, entre octubre y diciembre del año anterior se reportó un 12 % de desempleo, el más alto desde que se inició dicho estudio, en el 2010. El porcentaje representa cerca de 300.000 personas desempleadas.

Al comparar las cifras con respecto al mismo periodo del año que le precedió, 89.500 personas más se encuentran desempleadas y casi la mitad de estas se hallan en el rango de edad de los 15 a los 24 años, y con secundaria incompleta. Los números invitan a reflexionar si estamos preparando adecuadamente a nuestros jóvenes para cubrir las demandas del mercado laboral moderno y facilitarles así su proceso de inserción.

Hace varias décadas, el país eligió un modelo de desarrollo basado en la producción de alto valor agregado, guiado por empresas líderes de sectores como manufactura avanzada, servicios corporativos, tecnologías digitales y ciencias de la vida.

Por ello, el mercado requiere una mejor especialización y un manejo de conocimientos acordes con las exigencias de las empresas más poderosas del mundo. La formación dual facilitará ese camino.

El autor es director general de Cinde.