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Foro: Cuando la conservación se torna peligrosa

Los cocodrilos se han vuelto una amenaza para surfistas y buceadores. ¿Está usted de acuerdo con la opción planteada por el articulista?

A finales de los setenta debido a la disminución de cocodrilos en los ríos y esteros del país, se decretó una veda. Cuando se prohibió la cacería, en diciembre del 2012, se reforzó la protección de la especie. Dado que las poblaciones de los reptiles habían sido diezmadas, desaparecieron los ataques a las personas.

Después de promulgar la protección total, la cantidad de cocodrilos empezó a crecer y se reanudaron los ataques contra las personas, inclusive en lugares donde no se habían presentado antes. El problema ha alcanzado dimensiones particulares en las zonas costeras con alta visitación turística, especialmente para quienes practican actividades como el buceo de superficie y el surf.

La política de los últimos gobiernos ha sido contraria al control de las poblaciones o dirigida a aprovechar la piel o la carne de los animales. El resultado, por supuesto, será que más personas van a morir por ataques de cocodrilos y, por consiguiente, más operadores turísticos tendrán serios problemas para atraer clientela.

Propuestas. Los cocodrilos de menos de tres metros de longitud rara vez atacan a seres humanos; esto no ocurre con especímenes de más de cuatro metros. Asimismo, conforme aumentan las poblaciones de cocodrilos, crece el número de personas atacadas. Habrá quienes sugieran que lo lógico sería prohibir a los turistas nadar en aguas donde hay cocodrilos, aunque probablemente esta idea no cuente con el beneplácito de los bañistas y operadores turísticos.

Habrá también quienes digan que los cocodrilos grandes deben ser capturados y trasladados a zonas seguras. Lo anterior no resulta muy racional por su altísimo costo, aparte de que, instintivamente, regresarán al sitio de captura y se trasladarán —incluso por el mar— a más de 1.000 kilómetros, lo cual los hará consumir gran cantidad de energía y los tornará más hambrientos y más propensos a atacar a seres humanos.

Otros sugerirán capturarlos y llevarlos a algún sitio para exhibición. Sin embargo, el problema radicaría en que, rápidamente, el lugar se llenaría de ejemplares y no se aceptarían más.

Eliminar los grandes. El Sistema Nacional de Áreas de Conservación debe reconocer que las estrategias de manejo para aumentar las poblaciones de estos reptiles no son las mismas para trabajar grandes poblaciones salvajes. Negar los hechos y persistir en la falacia de que los cocodrilos están en extinción no hará sino agravar los conflictos con los seres humanos.

La única opción que queda es eliminar los animales grandes que constituyen un problema de seguridad pública, lo cual no tiene por qué afectar al resto de las poblaciones distribuidas en los ríos y esteros de las zonas costeras, así como a los que habitan en el mar por haber sido desplazados de su hábitat original.

Hay dos formas de lograr lo anterior, una muy cara y poco eficaz, mediante la cual funcionarios de Vida Silvestre se encargarían de eliminar los animales problema; la otra consistiría en vender licencias de aprovechamiento a los interesados en cosechar estos animales, sin ningún costo para el Estado, procedimiento utilizado en otros países.

Mientras no cambien las políticas de Gobierno al respecto, más y más ataques se van a producir, más y más personas van a morir y más y más operadores turísticos van a encontrar mayores dificultades para atraer clientes.

bufeteguardia@gmail.com

El autor es abogado.