«La acción contra el cambio climático es aún posible». Este es el mensaje clave de la extraordinaria serie documental sobre Costa Rica que lanzó el prestigioso canal franco-alemán Arte para cerrar el año 2020. ¡Y nuestro país es el que sirve de ejemplo!
Cuando a fines del año 2018 me reuní con Luis y Sarah Miranda en la Embajada de Costa Rica en París, el proyecto daba sus primeros pasos. Era una propuesta ambiciosa que —y eso sí estaba claro— se iba a desarrollar en nuestro país. Había interés en documentar los esfuerzos nacionales en materia ambiental y sus resultados.
Hablamos del papel determinante que había jugado una generación de mujeres y hombres de ciencia, cuyas investigaciones y determinación marcarían para siempre la historia de Costa Rica. Conversamos sobre nuestras instituciones, del sistema de parques nacionales, de la cantidad de funcionarios públicos que día a día dedican sus esfuerzos a mantener y consolidar esta decisión visionaria del país. Hablamos sobre el papel de los pobladores de muchas comunidades, cuya conciencia y trabajo para la protección de nuestro patrimonio natural se ha constituido en un elemento decisivo. Dialogamos sobre el papel de educadoras y educadores para asegurar que las nuevas generaciones protejan esa espléndida riqueza natural y se preparen para enfrentar los inmensos desafíos del calentamiento global.
En fin, hablamos de los nuevos compromisos, de la tarea de descarbonización y de los grandes retos que Costa Rica tendrá que encarar —al igual que todo el planeta— en las próximas décadas.
Siempre tuve conciencia de que me encontraba frente a un equipo altamente exigente en términos de calidad y alcances de su trabajo. Las tres entregas de la serie documental titulada «Costa Rica: el despertar de la naturaleza», que se lanzó en Europa al cierre del difícil 2020, muestra claramente que no me equivocaba.
Biodiversidad. Al iniciar con el renacimiento del bosque seco y pasar luego por el retorno de los animales, esta magnífica propuesta audiovisual nos conduce al inmenso desafío que representa la protección de la singular riqueza marina. De la mano de personas expertas y entregadas, pobladores comprometidos, funcionarios públicos experimentados y amantes de la naturaleza, los tres documentales nos permiten recorrer la espléndida biodiversidad de Costa Rica.
La música admirable de Tom Baxter acompaña, sin restarle fuerza ni protagonismo, a la maravillosa danza de los animales y al movimiento y colorido de nuestros árboles. La lluvia torrencial, el amanecer misterioso, las montañas majestuosas, el resplandor de los atardeceres, todo aquello que hemos visto desde niños dándolo por ganado y que ahora, después de haber caminado un poco por el mundo y de comprender el gravísimo riesgo en que hemos colocado al planeta, redescubrimos un tesoro incomparable, una herencia singular, que estamos llamados a proteger y preservar.
Exuberante riqueza. En este viaje excepcional atravesamos segmentos de gran belleza e intensidad que inspiran y nos transportan hacia espacios más íntimos de reencuentro con nosotros mismos y con nuestro entorno, momentos que inevitablemente nos hacen reflexionar. Estas escenas se alternan con otras de alto valor pedagógico, marcadas por el interés en seguir descubriendo un mundo de riqueza y secretos inagotables. En fin, la serie invita al goce y al disfrute, pero también convoca al deseo de comprender y a la necesidad de actuar. Cada imagen, cada secuencia nos acerca a una naturaleza generosa que no espera otra cosa que nuestra propia generosidad y nuestra inaplazable responsabilidad.
Pero quizás lo que más me conmovió en esta aventura fue la convicción con la cual hablan esos incansables seres humanos —nacionales y extranjeros— que dedican horas, días, años —la vida entera— a estudiar los árboles, sus hojas, sus formas de comunicación y supervivencia. Los animales, sus relaciones complejas y sorprendentes con el medio natural. El mensaje central de esta serie y de sus protagonistas es claro: los peligros son inmensos, pero si logramos actuar a tiempo aún hay espacio para la esperanza.
Costa Rica, sus políticas públicas y su voluntad son un ejemplo. Por ello, todos los esfuerzos de nuestro país por preservar esa biodiversidad espléndida, y con ella nuestra propia vida, sin duda valdrán la pena.
La autora es embajadora de Costa Rica en Francia.