Sebastián Urbina Cañas. 13 octubre

La respuesta del gobierno a las manifestaciones y bloqueos de semanas recientes fue convocar un diálogo social, una apuesta mal enfocada.

Si bien cómo paliar el déficit fiscal y cómo reformar el Estado son problemas estructurales medulares por atender, no son los que preocupan al pueblo a corto plazo.

La prioridad debe ser conseguir recursos para que la gente pueda comprar alimentos. Eso nos devolvería la paz social.

En este momento, hay que pensar en cómo generamos empleo lo más rápido posible, lo que a su vez tendría un impacto positivo en la recaudación fiscal.

Estamos ya en el momento cuando debemos quebrar el vidrio de emergencia y presionar el botón de pánico. No hay ninguna medida de estímulo económico que no deba considerarse, ninguna opción debe ser descartada.

El mejor lugar para estimular la economía es la construcción. Construyamos todos los edificios necesarios para albergar el Estado.

Es una idea en apariencia sencilla, pero tiene muchas ventajas: la construcción contrata trabajadores rápidamente, el trabajo de construcción lo desempeña la mayoría de la gente, las necesidades de edificios están distribuidas a lo largo del país, no solo en el Valle Central, y hay capacidad instalada de empresas de construcción ociosa.

Adicionalmente, lograríamos eliminar el rubro de alquileres ($100 millones en el 2021) del presupuesto nacional.

Impresión de dinero. Haciendo a un lado el dogma conservador económico, debemos tocar la puerta al Banco Central para que financie este estímulo económico. Es decir, es momento de imprimir dinero y, cuanto más pronto, será menos doloroso.

Periódicos como el Financial Times argumentan desde abril que la impresión de dinero es una respuesta válida a la crisis económica generada por la covid-19.

Los bancos centrales de las principales economías se han dedicado a hacerlo a través de diferentes formas: comprando bonos de compañías, financiando al gobierno o reduciendo tasas de interés. Algunas con más vigor que otras, pero todas en busca de estimular la economía.

Solo el Sistema de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos ha impreso desde febrero el equivalente al 14 % de su producto interno bruto.

Es como si el Banco Central de Costa Rica (BCCR) inyectara a la economía $8.000 millones; más de cuatro veces el préstamo esperado del Fondo Monetario Internacional.

No podemos imprimir dinero ilimitadamente, pero, afortunadamente, nuestra inflación es baja, básicamente el 0 %.

El rango de inflación que el Banco Central establece como aceptable es de entre un 2 % y un 4 %, lo cual es históricamente bajo. Dicho de otro modo, subir la inflación 2 o 3 puntos porcentuales nos mantendría aún en un nivel idóneo.

¿Cómo mantenernos en un rango idóneo? Dependerá de varios factores; sin embargo, siendo conservadores, perfectamente podríamos imprimir $1.200 millones y mantenernos por debajo de porcentajes de inflación aceptables.

Por supuesto que el dinero no debe ser usado para financiar el déficit, porque no es una medida sostenible ni permanente. Debe invertirse en construcción para generar empleo y ahorro a corto, mediano y largo plazo. Es tiempo de ser valientes y creativos.

El autor es economista.