José Manuel Quirce. 16 febrero

Pocos años después de haber obtenido la independencia, se llevó a cabo la primera exportación de café a Europa, en 1832. Desde entonces, sin necesariamente la institucionalidad de hoy, Costa Rica ha basado su crecimiento y prosperidad en la apertura comercial.

El sector agrícola ha sido uno de los beneficiados, tanto por la exportación de productos frescos como agroindustriales. No se explica, por tanto, por qué existe oposición a incorporar a Costa Rica a la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Perú, Colombia y México, bloque que representa el 37 % del producto interno bruto de América Latina y el Caribe, concentra el 52 % del comercio total y atrae el 45 % de la inversión extranjera.

Algunos empresarios agrícolas no han sido claros en la razón de su oposición y la expresión de sus dudas es lo que se necesita para que las negociaciones se inicien.

No se vale llevar a los gobernantes a la encrucijada de paralizarse ante una amenaza y posponer indefinidamente el acceso a la Alianza del Pacífico, a sabiendas, el gobernante, de los beneficios que traería la incorporación, como lo han constatado los estudios de la Fundación Konrad Adenauer, el Comex y la Cepal.

Se ha puesto demasiado énfasis en el enfoque arancelario para cuestionar el ingreso, cuando grandes partidas ya están libres de impuestos en tratados con otros países exportadores o se hallan en las últimas etapas de desgravación. Las pocas que quedan por desgravar podrán ser atendidas por el equipo negociador del Comex.

La Alianza del Pacífico conlleva muchas cosas, más allá de la negociación de unas partidas arancelarias con Perú y Colombia; la integración profunda traerá nuevas oportunidades de inversión. Como se lo manifestaron al presidente, Carlos Alvarado, durante su visita a Alemania, permitirá libre comercio de servicios, integración del mercado de valores y facilitación para el tránsito migratorio.

El espacio de la cooperación impulsa la promoción cultural, el intercambio académico estudiantil, la apertura de oficinas comerciales conjuntas, mejoras en la competitividad de las micro, pequeñas y medianas empresas, y en turismo. El comercio intracontinental, hasta ahora incipiente, tiene gran potencial de crecer debido a las medidas que, para facilitación de comercio, están adoptando los países miembros.

Costa Rica tiene mucho que ganar, pero también mucho que perder si no se incorpora pronto. La Alianza del Pacífico no es un simple tratado comercial, sino la oportunidad de aumentar la cooperación, el comercio intrarregional y la penetracion a la región Asia-Pacífico.

Ojalá el presidente Alvarado dé la pronta y necesaria aprobación para que su ministra de Comercio Exterior, Dyalá Jiménez Figueres, inicie las negociaciones lo antes posible, el mundo avanza y no se detiene a esperar nuestras decisiones.

El autor es presidente de la Cámara de Comercio Exterior.