Muchas tendencias actuales del comportamiento personal, tales como el narcisismo, el egocentrismo, el relativismo ético y el materialismo, desfavorecen en forma gradual la formación de la familia, pues una buena familia no se puede construir con individuos cuyos valores no son consonantes con la mutua convivencia, respeto, tolerancia y compromiso mutuo. Entonces, la formación de la familia comienza necesariamente con la formación del individuo; es decir, con fomentar los valores individuales que la favorezcan.
Misión educativa. La familia tiene una misión educativa, de los progenitores aprendemos el comportamiento moral y los valores éticos. Una sana vida familiar es el caldo que alimenta las virtudes personales y sociales de todos sus miembros, tales como la justicia, laboriosidad, fidelidad, obediencia, gratitud, perdón y muchas otras.
En familia los padres se ven forzados a mantener los comportamientos acertados que favorezcan el futuro de su progenie y la progenie se ve forzada, mediante una educación apropiada, a cultivar las virtudes que sean recompensadas por sus progenitores.
El producto de una vida familiar sana y solidaria son hijos bien formados, que tienden a sentirse menos solos, especialmente durante la adolescencia y tienden a sentirse más seguros en la toma de decisiones correctas.
Una familia sana contribuye fuertemente con el Estado al construir la plataforma para crear el bienestar económico de todos sus miembros, promoviendo la coexistencia, la unión y el desarrollo de la nación. Una familia sana es la mejor garantía del Estado para evitar una degradación ética y consecuentemente social.
El caso europeo. A los Estados les conviene apoyar a la familia; esto lo vemos en la Comunidad Europea en donde la baja tasa de natalidad y los altos índices de divorcio en que ha caído la gran mayoría de los Estados europeos, ha hecho que estos tomen medidas concretas para fortalecer la familia. Estas medidas incluyen la promoción de la natalidad, la protección del adulto mayor, vivienda digna, apoyo económico para la educación y alimentación de los hijos y mejores garantías y atenciones a la mujer embarazada. Una falsa retórica en nuestro país; es decir, que promovemos la familia promoviendo el control de la natalidad, en un país en donde la tasa de reemplazo poblacional es menor al mínimo establecido como tasa de reposición, promover el control de la natalidad pone en riesgo el futuro económico y social del país.
Otro aspecto relevante de una familia sana es el menor riesgo social de los adolescentes, observándose un menor grado de farmacodependencia, suicidio, accidentes de tránsito, consumo de alcohol y delincuencia juvenil, entre otros. Es posible que la unión familiar y la sana convivencia y educación influyan también en la disminución de otros prominentes vicios sociales, tales como la falta de honestidad en la función pública.
El mayor bien. Por lo tanto, la familia es el mayor bien que posee un Estado. La familia debería ser la primera y principal inversión del Estado, el cual no solo debe proteger a la familia, sino promover el sano desarrollo del núcleo familiar. No debe ser el rabino, el obispo o el pastor el que nos recuerde el valor moral intrínseco de la familia, debe ser el Estado. El proteger la institución familiar implica también promover la tutela de los padres hasta la mayoría de edad en toda su extensión; esto es, en salud y educación, incluyendo la educación reproductiva. Si la educación es la mejor inversión que puede hacer un Estado y si la familia es el mayor bien que posee un Estado, entonces deberíamos preparar a los niños, adolescentes y jóvenes para la mayor de sus empresas, la familia.