
Costa Rica es vista como un país verde y “pura vida”. Sin embargo, sus ciudades –especialmente las de la Gran Área Metropolitana (GAM): San José, Alajuela, Heredia y Cartago– crecen sin control, acumulan desigualdades y proyectan una identidad que muchos habitantes no sienten como propia. Este artículo analiza las dimensiones contradictorias de nuestra urbe y propone una ruta hacia ciudades medias sostenibles.
1. La frontera infinita. Los letreros cantonales ya no marcan el fin de la ciudad. La GAM es un continuo urbanizado: miles de personas duermen en un cantón, trabajan en otro y duplican la población flotante de los centros urbanos. Un vecino de Cartago puede sentirse tan josefino como uno del centro. El problema es que cada municipio planifica por separado, sin coordinación metropolitana. Así, la ciudad se vuelve “infinita” en extensión e identidad, mientras los gobiernos locales siguen diseñando pequeños fragmentos, ignorando el conjunto.
2. Diversidades unidas. En pocos kilómetros, conviven condominios de lujo con asentamientos informales; jóvenes altamente digitalizados con adultos mayores en barrios tradicionales. Migrantes nicaragüenses, colombianos y venezolanos, junto con pueblos indígenas urbanizados, mezclan acentos y culturas en un mismo bus. El temor al “otro” coexiste con la vida cotidiana compartida: música caribeña, gallopinto en múltiples versiones y sincretismo religioso. La pregunta por la pertenencia al barrio (Rohrmoser, San Sebastián, Alajuela centro) sigue abierta.
3. Soluciones problemáticas. Nuestras ciudades concentran problemas ambientales y de salud: contaminación en la General Cañas, estrés, sedentarismo e inundaciones en zonas vulnerables. Pero también son espacios donde se ensayan soluciones: tren interurbano (aún limitado), ciclovías, hospitales de alta complejidad y programas de desarrollo urbano sostenible. La ciudad es, al mismo tiempo, origen del malestar y laboratorio de respuestas.
4. Identidad en exhibición. Costa Rica ha proyectado una marca país asociada a la naturaleza y la paz, mientras San José suele ser solo un punto de paso hacia otros destinos. Para atraer turistas, el centro “exhibe” un decorado: el Teatro Nacional, el Mercado Central, los souvenirs de carreta. Los residentes, en cambio, se refugian en memorias personales –el cine que cerró, la pulpería– o migran hacia barrios emergentes como Escalante o Amón. Cada vez más costarricenses nacen en una provincia, estudian en otra y se jubilan en la costa. El arraigo territorial se diluye.
5. El ‘flâneur’. Frente a la homogeneización de los centros comerciales, surge el caminante ocioso (flâneur). No va al Mall San Pedro; busca los intersticios: callejones de artesanos, murales en barrio México, esquinas con café chorreado, tramos ocultos del río Torres. Este observador captura el espíritu del lugar (genius loci) en escenas cotidianas: la parada de bus, la soda, la sombra de un guayacán. Nos recuerda que la ciudad no es solo datos, sino también memoria y emoción.
6. Razón y sentimiento. ¿Qué siente un flâneur en el parque Central de Alajuela o en la antigua Fábrica Nacional de Licores? Observar San José hoy implica combinar el análisis socioeconómico (desempleo, especulación) con la experiencia íntima: la lluvia en el Mercado Central, el olor a tamal, el recuerdo del tranvía. La ciudad no puede ser solo “inteligente” (sensores, aplicaciones) ni solo “moral” (reducción de desigualdades). Cada ciudad tiene su carácter: San José comercial, Cartago colonial, Heredia cafetalera. Diseñar sin perder esa identidad es fundamental.
7. La necesidad de un plan. El diagnóstico es claro: fragmentación administrativa, social y ambiental. Por ello, el plan “Rehabilitación de Comunidades y Gobernanza Multinivel hacia Ciudades Medias Sostenibles” no es una opción, sino una urgencia. Propone:
- Gobernanza multinivel para articular municipios, región y nación. Quien vive en Santa Ana y trabaja en San José no pertenece a dos realidades separadas, sino a una sola dinámica urbana.
- Rehabilitación de comunidades: recuperación de espacios públicos, programas intergeneracionales y acceso equitativo a servicios. La ciudad no debe ser un conjunto de islas, sino un archipiélago conectado.
- Ciudades medias (Liberia, San Ramón, Pérez Zeledón, Limón) con la oportunidad de evitar los errores de la GAM: movilidad activa, energías limpias y economía circular.
- Identidad vivida (no escenificada): presupuestos participativos, consejos de barrio y mapeo colectivo.
- ‘Genius loci’: integrar razón y sentimiento, conectando la historia (carreta, café, ferrocarril) con los desafíos actuales (migración, cambio climático).
Este plan no es decorativo. Responde a una realidad evidente: nuestras ciudades están fragmentadas. Solo un enfoque multinivel, orientado a la rehabilitación, puede devolverles cohesión, identidad y sostenibilidad. El modelo de ciudad del futuro empieza hoy, en cada comunidad que decide convertirse en un lugar con nombre, memoria y un proyecto compartido.
victorianantiquehouse@gmail.com
Mario Alberto Rodríguez Zamora es urbanista mexicano-costarricense, especializado en planificación territorial. Dirige la investigación ‘Estrategia para la Sostenibilidad Territorial y Urbana de Costa Rica: hacia un Modelo del Territorio de Ciudades Medias’.