
En cada proceso electoral, el votante se enfrenta al reto de elegir a quienes ocuparán los más altos cargos de representación. Más allá de las propuestas, partidos o ideologías, resulta fundamental que la ciudadanía desarrolle la capacidad de identificar los rasgos de personalidad de los candidatos presidenciales. Reconocer si un aspirante muestra tendencias hacia la llamada “tríada oscura” o, por el contrario, hacia la “tríada luminosa”, es determinante para prever el impacto de su liderazgo en la democracia.
La “tríada oscura” es un concepto de la Psicología, descrita por los psicólogos Delroy L. Paulhus y Kevin M. Williams en 2002. Agrupa tres rasgos de personalidad: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.
El narcisismo se manifiesta como un sentido exagerado de la autoestima; se creen superiores a todos los que lo rodean; necesitan admiración y aprobación constante y tienen poca empatía por los demás.
El maquiavelismo describe a personas manipuladoras, calculadoras, con un estilo de desprecio cínico por la moralidad y con tendencia a controlar y a utilizar a otros para lograr objetivos en beneficio personal, aunque para ello tengan que recurrir a la mentira, al engaño, la seducción o la intimidación.
Finalmente, la psicopatía implica falta de empatía o remordimiento por sus acciones, impulsividad y una tendencia a comportamientos antisociales. Estas personas no sienten responsabilidad emocional por el daño que causan, culpan a los demás (gobiernos anteriores, medios, minorías, organismos, otros funcionarios) por sus propios errores; se vuelven agresivos cuando sienten que pierden el control y niegan sus faltas, aun cuando estas sean evidentes.
Estos rasgos, cuando predominan en líderes políticos, pueden traducirse en comportamientos egocéntricos, manipulación de la información, desprecio por las normas éticas y una preocupante indiferencia ante el bienestar colectivo.
No solo es relevante identificar a candidatos que exhiben directamente estos rasgos, sino también a aquellos que, careciendo de criterio propio, se vinculan estrechamente con figuras políticas que los poseen. Los aspirantes sin autonomía, que siguen ciegamente a líderes con personalidad de la tríada oscura, pueden perpetuar prácticas dañinas, actuar como simples ejecutores y debilitar los contrapesos institucionales necesarios en una democracia.
La falta de independencia y la adhesión acrítica a figuras autoritarias o manipuladoras pueden facilitar la consolidación de liderazgos nocivos, la corrupción y el debilitamiento de las instituciones.
El ascenso de personas con perfiles de la “tríada oscura” al poder tiene consecuencias profundas para el sistema democrático. Entre los riesgos más evidentes se encuentran: el abuso de poder, polarización y confrontación social, debilitamiento de las instituciones democráticas, obtención de beneficios propios desatendiendo el bien común, control de medios de comunicación independientes y cambios a su favor en la legislación.
En contraposición, la “tríada luminosa” engloba rasgos como el humanismo, la empatía y la integridad. Personas con orientación luminosa demuestran respeto por la dignidad humana, capacidad de escuchar y comprender a los demás, honestidad y compromiso ético. Estas cualidades son esenciales para un liderazgo que promueva la inclusión, el diálogo y la construcción de consensos.
La elección de líderes con tendencias a la “tríada luminosa” aumenta la posibilidad de gobiernos caracterizados por la empatía, el desarrollo sostenible, el respeto a la separación de poderes y a los derechos humanos, el fomento de la cooperación entre diversos sectores de la sociedad, y el uso responsable de los recursos públicos.
En tiempos de incertidumbre y de grandes desafíos económicos y sociales como los que atraviesa Costa Rica, el electorado debe identificar las características personales de quienes aspiran a gobernar el país.
Apostar por candidatos con orientación “luminosa” no solo contribuye a preservar la democracia, sino que también abre la puerta a sociedades más pacíficas, justas y prósperas.
Por el contrario, apoyar a políticos con características de personalidad “oscura”, independientemente del partido político al que pertenezcan, implica legitimar las conductas trasgresoras, el irrespeto a las normas sociales, y la polarización de la sociedad. El ciudadano debe ser capaz de reconocer las tácticas populistas basadas en la división y el miedo.
Votar de manera informada, yendo más allá de las promesas de campaña, es un acto de responsabilidad fundamental para el futuro del país.
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Marco Antonio García Sáenz es médico especialista en Medicina del Trabajo.