
Dentro de las falencias y situaciones complicadas que vive la educación secundaria de nuestro país, la prospección vocacional es una de las más graves.
Hablamos con frecuencia de deserción, de la mala formación en matemáticas, de la deplorable infraestructura y la desmotivación de los docentes, pero pocas veces hablamos de la casi nula guía y exploración de los talentos naturales y de las capacidades de nuestros muchachos.
Este proceso, también llamado orientación vocacional, debe ayudar a los chicos a identificar sus intereses, habilidades y propósito en la vida para tomar decisiones informadas sobre su futuro profesional.
El proceso de prospección vocacional no puede limitarse a visitar una feria o un par de universidades, durante un día, en el último año o invitar a profesionales a hablar sobre su trabajo en un evento colegial. El proceso debe empezar desde el ingreso a la secundaria, de modo que lleguen al final con certeza casi absoluta de lo que quieren ser y hacer en el futuro.
Descubrir la vocación de un joven toma tiempo y debe ser un proceso más de la formación integral del estudiante, que hoy debe desarrollar sus habilidades blandas, conocer un segundo idioma y tener una sólida formación académica para aspirar a tener éxito.
Los jóvenes están decidiendo ingresar a las universidades con la presión de que llegó el momento y ya tienen que escoger. Matriculan a ver si les gusta la elección apresurada y enfrentan dos realidades: 1) que la exigencia de estudio universitaria es más fuerte de lo que esperaban y 2) que la carrera seleccionada no es a lo que se quieren dedicar el resto de la vida. Por lo que pronto, llenos de frustración, abandonan o se cambian de carrera a otra que han visto un poco más de cerca en su corta experiencia universitaria.
Descubrir la vocación profesional de un joven que está por ingresar a la universidad debe ser un proceso integral que combine autoconocimiento, exploración, orientación, experimentación y revisión de tendencias.
Autoconocimiento. El punto de partida debe ser que el joven se conozca a sí mismo. ¿Qué le apasiona?, ¿qué hace bien y con facilidad?, ¿qué temas lo hacen perder la noción del tiempo?, ¿qué le gustaría aprender, aunque no tenga que hacerlo? Para responder estas preguntas hay test como el de personalidad vocacional (https://personalidadvocacional.com/prueba/uh) que los puede guiar hacia su vocación y propósito.
Explotar el mundo profesional. El joven necesita conocer qué opciones existen y cómo son en la vida real. Para eso, se recomienda que investigue en distintas aplicaciones y redes como YouTube. Además, que visite ferias vocacionales, vaya a universidades y entreviste a profesionales. Recomiendo ver este video https://www.youtube.com/watch?v=XwD6YO_aaYs (Marian Rojas Estape).
Orientación: Los primeros orientadores deben ser los familiares interesados en el mejor futuro del muchacho, pero este acompañamiento no debe ser para imponer lo que ellos crean, sino para ayudarle a reflexionar y a descubrir. La época en que los hijos continuaban con las profesiones o negocios de los padres ya pasó. Por otro lado, en los colegios hay orientadores que tienen, como parte de su trabajo, el deber de dar este tipo de acompañamiento.
Experimentación: A veces hay que probar antes de decidir, por lo que se aconseja tomar cursos libres gratuitos en línea (Coursera, edX, Udemy, etcétera). También se aconseja aprovechar las vacaciones escolares para hacer pasantías o voluntariados, o para realizar proyectos relacionados con sus intereses.
Revisar tendencias: Cada vez, hay disponibles más artículos relacionados con las tendencias de los trabajos del futuro. El joven no solo debe pensar en lo que quiere hoy, sino en lo que será sostenible años adelante.
No es recomendable escoger una profesión solo porque está entre las mejor pagadas o tiene una mayor oferta laboral. Esto es importante, pero si esta selección va de la mano con algo que le apasiona y le permite desarrollar mejor sus habilidades innatas, entonces sí se habrá hecho una selección ganadora y satisfactoria para el futuro.
Es urgente que los colegios inicien el proceso de prospección vocacional desde el primer año para detener la deserción de aquellos que hoy se retiran porque no ven futuro en estudiar y para evitar la fuga de primerizos universitarios que se matricularon en aquellas carreras que mejor pagan o que tienen más empleabilidad en un momento dado.
Hagamos una buena prospección vocacional desde los hogares y los centros de estudio y tendremos muchos mejores profesionales en el futuro.
urbina.marco1@gmail.com
Marco Urbina es ingeniero civil.