
Cada 15 de setiembre, desde que tengo memoria, ha sido un espacio de celebración de la Independencia y de todo lo que esto significa para Costa Rica.
De pequeña, viví de cerca los desfiles de faroles, con lluvia incluida en las tardes de setiembre, cuando aún se acostumbraba colocar una vela en los faroles que elaborábamos en las clases de Educación Cívica o Artes Plásticas de los centros educativos donde estudié.
Es una fecha que ahora, de adulta, me genera un sentimiento de orgullo. Qué hermoso saber que un pequeño país decidió ser libre y construir una democracia sin ejército, apostando por la paz como su mayor escudo.
Este 2026 marcó un cambio profundo en mi vida, en aspectos que muchas veces creía seguros y permanentes. En febrero, mientras residía en Tel Aviv, experimenté en lo más profundo de mi corazón cómo algo que se vive todos los días puede interpretarse de manera diferente en otros lugares y cómo esa experiencia hace extrañar aún más ese pedacito de tierra. En Israel, cada alarma era un recordatorio de lo frágil que puede ser la vida.
Mientras muchos hoy celebran en la tranquilidad de un pueblo que sale a las calles con su familia, en otros lugares del mundo la palabra “independencia” se vive entre tensiones, miedo y resistencia. Esto me obliga a valorar más lo que tenemos. La paz no es casualidad: es una obra paciente, tejida con memoria, voluntad y compromiso.
La independencia, si me preguntan, no debería ser vista solo como una fecha conmemorativa, sino como un compromiso real de un pueblo que lucha por vivir en paz, cuidando la democracia, fortaleciendo las instituciones y, aun hasta donde se pueda, defendiendo la voz libre que tenemos, con la responsabilidad que esto conlleva.
Hoy, desde lejos, entiendo más que nunca a aquellos que quieren alzar su voz, a quienes se erizan al escuchar el Himno mientras la bandera ondea, a quienes disfrutan de un gallopinto con café en la mañana y a quienes acompañan a sus hijos e hijas en los desfiles mientras la lira y el tambor resuenan de fondo. Porque la independencia no es un regalo eterno: es una tarea diaria.
No puedo terminar este texto sin recordar los versos más hermosos que se escribieron sobre nuestra patria:
Costa Rica es mi patria querida, vergel bello de aromas y flores cuyo suelo de verdes colores densos ramos de flores vertió.
ann12.mora@gmail.com
Angie M. Mora Corrales reside en Tel Aviv, Israel.