NOTA: Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el diario “El Tiempo”, de Colombia –miembro de Grupo de Diarios de América (GDA)–, el 26 de enero del 2025. “La Nación” lo reproduce con autorización del medio.
En la tierra de la libertad han puesto a un tirano hábil y capaz. Y quizá ahí radique el primer error grave de todos, todas, todes. En menospreciarlo. En anular su habilidad para leer el clima emocional y político tanto nacional como internacional. “Make America great again” es un eslogan genial. Lo es porque evoca otra época, no sé, quizá los años cincuenta, los sesenta, parte de los setenta. Cuando Estados Unidos parecía ser la tierra de las oportunidades sin fin.
Porque Trump entiende perfectamente que la gente está harta de lo que hay en el presente y necesita soñar. Soñar entonces con esos tiempos, por ejemplo. Pero soñar sin política, como dice el historiador y analista político Timothy Snyder, profesor de la Universidad de Yale: porque ese volver atrás no incluye el concepto de un Estado de bienestar, tampoco las luchas sindicales ni a las organizaciones de base que pelearon por los derechos civiles entonces. Esa América a la que quiere volver es solo un cartel edulcorado pero vacío, porque no pretende entender qué funcionaba entonces y qué falla ahora.
En la tierra de la libertad, fue la libertad de expresión, de creación, de participación y de activismo lo que llevó a generar logros al juntar a migrantes de todos lados. Fueron esas personas de tantas partes las que en algún momento hicieron verdad eso de que allá en el norte estaba la prosperidad. Sin embargo, el monstruo subestimado, esa inteligencia del mal que se ha sabido burlada, que se ha sentido ridiculizada y menospreciada, llega ahora con fuerzas redobladas a montar un gobierno fascista en todo orden: contra los homosexuales, contra las libertades de las mujeres, contra el aborto, contra las instituciones, contra las reglas, pero a favor de las armas, del control de los medios de comunicación y de las redes sociales.
En este nuevo régimen autocrático, la gente ha votado por un extremista. Y no estamos hablando de Nicolás Maduro, porque Trump ganó por amplio margen en las elecciones. Y quizá sea eso lo que más deba preocuparnos. Los estadounidenses escogieron a un hombre que inventa lo que sea. Y la gente se lo cree. Porque ha escogido a un mesías, a un hombre fuerte, como antes pasó en la Hungría de Orban y en la Rusia de Putin y en el Israel de Netanyahu.
La diferencia entre estos líderes y sus predecesores es que los anteriores aceptaban sus errores y cuando llegaban al poder buscaban trabajar por el bien de todos. En cambio, estos dicen ser perfectos y buscan proteger a su tribu, antagonizar con los que piensan distinto. Y es en medio de un mundo occidental quebrado, que ahora le tiene miedo a la libertad a la que antes anteponía sobre todas las cosas, en el cual de nada nos sirve seguir siendo cínicos. Caricaturizar a los otros no nos permite entrar en la pelea. Porque estamos en un combate entre aquellos que piensan que la única ley que vale es la del más fuerte y los que todavía creemos que vivir en comunidad es posible, que la solidaridad es sinónimo de humanidad, que a la Tierra hay que cuidarla porque es la única que tenemos.
Pero eso es distinto a que el populismo nos maneje las relaciones internacionales. Una cosa es tener conciencia moral, y otra, provocar al monstruo para que nos pase por encima y sean los colombianos, ricos y pobres, los que paguen una factura enorme. Para recuperar esa conciencia, los políticos deben dejar de limitarse únicamente a señalar lo estúpido, negativo o falso de sus contendores. Deben permitirle a la gente volver a usar la imaginación para tener una alternativa que les devuelva la esperanza. Los demócratas van (diré vamos) a tener que esforzarse de verdad para rescatar a la libertad de sus secuestradores.
Melba Escobar es profesora de escritura creativa, columnista y escritora.
El Grupo de Diarios América (GDA), al cual pertenece ‘La Nación’, es una red de medios líderes fundada en 1991, que promueve los valores democráticos, la prensa independiente y la libertad de expresión en América Latina a través del periodismo de calidad para nuestras audiencias.
