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En la burbuja de Trump no hay pobres

En medio de una parálisis del gobierno que se prolongó durante 43 días, la administración Trump maniobró para frenar un programa con 60 años de existencia que provee fondos para adquirir una canasta básica a hogares que no llegan al fin de mes

Los llamados “food stamps” son una ayuda social que da el gobierno de Estados Unidos. Dependen del Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) y van dirigidas a familias pobres que no llegan a fin de mes. Diversos comercios aceptan este bono que se canjea por insumos de la canasta básica.
Los llamados “food stamps” son una ayuda social que da el gobierno de Estados Unidos. Dependen del Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP) y van dirigidos a familias pobres. Diversos comercios aceptan este bono que se canjea por insumos de la canasta básica. Shutterstock
Los llamados “food stamps” son una ayuda social que da el gobierno de Estados Unidos. Dependen del Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) y van dirigidas a familias pobres que no llegan a fin de mes. Diversos comercios aceptan este bono que se canjea por insumos de la canasta básica.
Los llamados “food stamps” son una ayuda social que da el gobierno de Estados Unidos. Dependen del Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP) y van dirigidos a familias pobres. Diversos comercios aceptan este bono que se canjea por insumos de la canasta básica. (Shutterstock/Foto)

FIRMAS PRESS.- El presidente Donald Trump es alérgico a la pobreza. Para ser más precisos, les da la espalda a las personas con escasos recursos económicos y, con la coartada de adelgazar el Estado, su modo de manifestarlo es recortando al máximo los programas de ayuda social que asisten a quienes, por muy diversas circunstancias, no han tenido acceso a vidas privilegiadas o a insertarse en la clase media.

El republicano llegó al poder las dos veces –con el intermedio del gobierno del demócrata Joe Biden cuando perdió la reelección– bajo la promesa de que le devolvería a Estados Unidos la grandeza que supuestamente perdió. Su lema, “Make America Great Again”, guiado por una doctrina fundamentada en un populismo de ultraderecha nacionalista, prendió entre la clase trabajadora que aspira a una vida mejor. De ellos se sirvió, asegurando que su irrupción en Washington era para hacer volar los estamentos tradicionales de la política, como si fuera un hombre del pueblo hablándole al pueblo. Nada más lejos de la verdad, porque desde la cuna perteneció a una familia pudiente cuya fortuna se amasó gracias, en gran parte, a la especulación inmobiliaria en barrios humildes de Nueva York, donde minorías como los inmigrantes y afroamericanos acabaron por ser desplazados.

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