En días pasados pude leer en un blog cómo un costarricense se queja de la supuesta inutilidad de las materias especiales que se imparten en las escuelas y colegios. Él aduce que Música, Artes Plásticas, Educación para el Hogar y Religión son materias que no aportan nada. Me imagino que el escritor de este blog no recibió del todo estas materias, o bien no tuvo profesores de calidad en ellas.
Y es que este es un triste panorama que se agiganta en Costa Rica: cada día más, estas disciplinas van perdiendo valor ante los ojos de los padres de familia, estudiantes y las misma autoridades de gobierno.
Que esto suceda es una lástima, pues los seres humanos somos seres sensibles y, por lo tanto, no podemos nutrirnos solamente de las Ciencias Exactas, de la Historia y de la Lengua.
Qué bello es poder apreciar una obra musical en toda su extensión, poder comprender la diferencia entre las técnicas de pintura, poder tener – en el caso de los varones– la posibilidad de aprender conocimientos que erróneamente se han considerado propiedad exclusiva de las mujeres.
Es cierto que no todos tenemos en igual grado habilidad para tocar un instrumento musical, pintar o dibujar, pero yo siempre he pensado, y seguiré haciéndolo, que no solo en la parte interpretativa son valiosos dichos conocimientos; existe la parte de entender, de apreciar, de poder comprender lo que se está viviendo, observando o escuchando.
Poco interés. Cabe preguntarse por qué existe dicha percepción. Yo me atrevo a formular una respuesta: por el poco interés que se da en estas materias. No solo a nivel académico, sino también respecto a la promoción, los canales del arte y la cultura son pocos, y la empresa privada casi no apoya este tipo de actividades.
Basta con medir la promoción televisiva y escrita de actividades de corte popular frente a actividades ligadas a las materias mencionadas. De ahí nace el poco valor dado a las “especiales” –nombre que, de por sí, ya es discriminatorio–, y de ahí que en las universidades privadas casi no existan actividades de promoción cultural y se hayan dejado por fuera las Humanidades.
Costa Rica se nos está muriendo en la rama sensible del ser humano; hoy no importa aprender bien, sino graduarse rápido y, por eso, vemos institutos, universidades, escuelas comerciales que brotan por todo lado.
Hoy la moda es aprender Inglés para call center , que a mí me da la impresión de que quiere decir: “Aprenda a contestar las preguntas más comunes que le formulan en inglés y nada más”. Los salarios tal vez son atractivos, pero ¿acaso sólo el dinero y las posesiones materiales definen a un ser humano?
En todo caso, aun estamos a tiempo de cambiar de rumbo, pero la palabra la tienen las autoridades de gobierno, los padres de familia y los costarricenses que seguimos creyendo en una formación integral en vez de una formación para “especialistas”. Es aún oportuno cambiar el futuro que estamos formando. Bien lo dijo Don Pepe: “¿Para qué tractores sin violines?”.