Fray Bartolomé de las Casas O.P. (1484-1566) fue un fraile dominico español, cronista, teólogo, filósofo, jurista, obispo de Chiapas y apologista de los indios. Por sus esfuerzos y lucha en pro de los indios, le fue otorgado el título de “Protector de los indios”. En la isla “La Española” conoció a los frailes dominicos quienes le ayudaron a tomar conciencia sobre la problemática de la explotación y discriminación de los indios.
Talproceso de conversión lo llevó a renunciar a su encomienda en 1514. En adelante, De las Casas empezó una lucha contra el sistema colonial, abogando a favor de los indígenas. No obstante, De las Casas, negaba la racionalidad del negro al punto de tener a su lado toda su vida un esclavo africano.
Es precisamente en el marco de esta lucha a favor de los indígenas que De las Casas, junto con el humanista español y cronista real, Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573), discutieron la dimensión jurídica, filosófica y teológica sobre “el sometimiento de las poblaciones indígenas”. Dicha argumentación es conocida como la Junta de Valladolid o la “polémica de los naturales”. Se llevó a cabo entre 1550 y 1551 en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, España.
De las Casas abogó por los derechos humanos de los indígenas y en contra de las “guerras justas”, mientras que Sepúlveda defendió el derecho de los españoles sobre los indígenas al ser “naturalmente inferiores”. Su tesis fue la legitimidad de la conquista en función de brindar una cultura superior y cristiana a los indígenas. La argumentación no llevó a una resolución final; sin embargo, sí produjo un cambio en las leyes indianas.
Obra actual. “La controversia de Valladolid” trae a colación problemas y discusiones contemporáneas en el marco de los procesos migratorios internacionales y el cambio en los conceptos de Estado-nación. Acontecimientos recientes como el asesinato político de casi una centena de jóvenes recién sucedido en Noruega por un fascista antiislamista, los abusos de la ley migratoria de Arizona, especialmente en contra de los latinos, la constante muerte de inmigrantes tanto a manos de nacionalistas como por hambre, trasiego y política en diferentes rincones del mundo ponen en actualidad dicha discusión. En específico, porque el problema migratorio enfrenta a las sociedades al “otro” y la otredad imposibilitando la previsión del choque entre culturas y el subsiguiente cambio en los patrones culturales. De tal forma, el viejo refrán “nada humano me es ajeno”, adquiere nuevas connotaciones en las primeras décadas del siglo XXI.
Es así que lo planteado por De las Casas en el siglo XVI, permite que en el siglo XXI se discuta el “otro” y la otredad presente en los procesos migratorios al interior de las naciones y allende a ellas lo cual incide en una reflexión y cambio en el concepto de nación, nacionalidad, identidad y patriotismo.
Lo anterior nos lleva a preguntar: ¿Dónde queda la nación en el marco de la globalización y los procesos migratorios? El proceso de globalización en el cual estamos inmersos, no solo produce una relación económica y política cercana entre diferentes Estados, sino que ha promovido una nueva ola migratoria a nivel internacional. El ACNUR calcula que para el 2006, el 3% de la población mundial estaba constituida por migrantes internacionales, lo cual deviene en que un 63% de dicha migración fue hacia países desarrollados. Ante dicho movimiento, se presentan nuevos retos en las sociedades y cultura expulsoras, pues la migración es una catalizadora de cambios políticos en los países de origen, por ejemplo cuando la diáspora apoya movimientos de democratización o cambios culturales.
Por tal motivo, el proceso de construcción identitaria en el siglo XXI ya no está atravesado por el Estado-nación y el correspondiente documento de identidad nacional. Hoy, el pasaporte y la posibilidad de vivir en ese espacio “del medio”, el nepantlismo de León Portilla, el que nos define a partir de la posibilidad de identidades en diversos niveles. De tal forma que dicho fenómeno enfrenta a los seres humanos con situaciones similares a las planteadas por Sepúlveda y De las Casas: el problema del “otro”, la validez de sus prácticas culturales y el respeto a esta. En este proceso, la xenofobia es producto de una larga tradición de hostilidad hacia grandes procesos migratorios, así como la percepción de amenaza contra la identidad cultural de la sociedad receptora. Por tanto, está claro que cuanto más homogéneo étnica, cultural y confesionalmente, más fuerte será el choque entre culturas.
Esta lucha del capital recuerda la segunda polémica entre De las Casas y Sepúlveda que trata del derecho a la ocupación de tierras y de hacer guerra a los indios. En otras palabras, la polémica habla sobre la “guerras justas” y su relación con el primer imperialismo moderno y la forma en que los representantes españoles y cristianos en ese momento ejercieron el poder sobre cuerpos, mentes y tierras. Hoy, ecos de tales luchas se encuentran en las guerras contemporáneas que intentan conquistar y colonizar al obligar a establecer prácticas políticas y culturales de Occidente. Es por ello que esta obra que se presenta hoy en el Teatro Universitario de la Universidad de Costa Rica es tan contemporánea.