Un cartón significa varias cosas. Por ejemplo, si está nuevo, será el embalaje perfecto para productos fabricados recientemente, pero sí ya cumplió su propósito principal, generalmente, se le tratará como material de desecho.
Un cartón puede ser útil para mucho más de lo que define un diccionario, porque debemos ver quién lo utiliza y en qué, y eso nos ayudará a acercarnos más a lo que verdaderamente significa un cartón para determinadas personas.
Un día, mientras caminaba por el parque de la Paz, vi a niñas, niños y adultos deslizándose desde lo alto de una montaña en un viejo cartón que les producía alegría y satisfacción, aparte de algunos golpes, pero esto no les impidió volver a subir la montaña y repetir el juego.
Mi vivencia con los cartones cambió cuando mi hermano José Luis escribió el libro Del cartón al avión. Él es el fundador y promotor del programa Homeless en Costa Rica, que utiliza el fútbol como herramienta de inclusión social.
Jóvenes adictos a sustancias prohibidas, que antes dormían sobre un cartón en un garaje, una acera, un patio o cualquier lugar que no tiene el nombre de casa, han viajado a otros países para disputar campeonatos de fútbol calle.
Después de tales experiencias, muchos regresaron a sus casas, retomaron sus vidas, recuperaron a sus familias, tienen un trabajo, dejaron de consumir drogas y sonríen de nuevo al elevar las pulsaciones de sus corazones a sus más altos niveles.
Durante 13 años de trabajo, quienes dormían sobre cartones han viajado a Italia, Brasil, Francia, México, Polonia, Chile, los Países Bajos, Escocia, Noruega, México y Gales.
Hoy mujeres, niñas y niños forman parte de este gran proyecto, del gran trabajo de mi hermano y su grupo, efectuado en silencio.
Los viajes en avión nunca estuvieron en las mentes de esos muchachos para quienes los cartones fueron cama y cobija. Por eso, significan para una persona adicta a las drogas un activo muy valioso, digno de ser registrado en su contabilidad, en su balance general, en la sección circulante de la vida, de la supervivencia y la esperanza.
Me siento honrado de tener un hermano como José Luis, que hace posible, más allá de las fronteras, de los límites y los muros, que un cartón sea el comienzo de un sueño para tantos seres humanos necesitados de que alguien se deslice con ellos desde la montaña para llegar abajo y sonreír, aunque con golpes, como los niños en el parque de la Paz.
El autor es contador público.
