Pasadas las elecciones nacionales, el país pronto tendrá nuevas autoridades que iniciarán su gestión fijando reglas de juego, prioridades, estrategias y acciones.
Al ser este un año electoral, todos los actores –pero, sobre todo, las nuevas autoridades– pueden revisar la situación de cada sector y replantear su desarrollo.
En cuanto al sector turismo, nadie duda de sus múltiples bondades. Es un importante generador de divisas, con más de $4.000 millones al año; un gran empleador en todo el país, particularmente en las zonas más deprimidas y olvidadas, como las costas, y un democratizador del dólar turístico, al repartirlo en no menos de 33 Centros de Desarrollo Turístico (CDT) identificados por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Adicionalmente, es un excelente promotor de progreso social, medido desde 2017 por el Índice de Progreso Social (IPS) en esos 33 CDT.
A pesar de estos buenos resultados, el sector turismo no ha sido un actor suficientemente relevante. Tampoco se le ha dado la importancia que merece para continuar atrayendo inversión y generando progreso, empleo y desarrollo, ni siquiera en momentos en que existen dudas sobre el futuro de ciertas exportaciones de bienes y servicios.
Costa Rica pasó de recibir, por todas las vías, 3,1 millones de visitantes en 2019 (prepandemia) a 2,9 millones en 2025, una disminución del 6,2%. Es decir, seis años después, aún no hemos logrado recuperar el nivel de visitantes de 2019. Mientras tanto, países como Colombia, Guatemala, República Dominicana y Panamá –para mencionar algunos– han crecido 50%, 44%, 35% y 29%, respectivamente, de acuerdo con ONU Turismo.
Durante 2025, también nos quedamos rezagados. Costa Rica registró, con respecto a 2024, un crecimiento de apenas 0,8%, mientras Panamá aumentó 11%; Guatemala, 8%; Honduras, 7%, y el gigante de América Latina, México, 6%.
Si volvemos la vista a los grandes actores mundiales, España creció aproximadamente 3%, y Europa –la región más visitada, con 800 millones de turistas– superó el año previo por 4% y ya excede en 6% los datos de 2019. A nivel mundial, los viajeros aumentaron un 5% el año pasado.
Dicho esto, pensar que Costa Rica está siendo víctima de su propio éxito –como algunos sostienen– no parece acertado. Tampoco estamos mejor en las estadísticas de ingresos por divisas: mientras Costa Rica rondará un incremento aproximado del 36% entre 2019 y 2025, Chile ha crecido 63%; Colombia, 75%, y El Salvador, 215%.
Todo esto indica que Costa Rica ha perdido competitividad y que el sector turismo no es tan fuerte, sólido y dinámico como debería ser. Hemos disminuido nuestra participación en el mercado mundial.
Según datos del Observatorio Económico y Social (OES) de la Universidad Nacional (UNA), el empleo en el sector cayó en más de 20.000 puestos durante 2025. Además, el tipo de cambio del colón con respecto al dólar se ha fortalecido sustancialmente, encareciendo el producto turístico costarricense entre un 20% y un 30%, y esto ha hecho que el país esté ahora entre los más caros de la región.
Tal situación no va acompañada de mejoras en infraestructura: persisten problemas para trasladarse de manera segura, rápida y eficiente por las carreteras del país, y el turista pierde hasta un día cada vez que se moviliza entre regiones.
Cabe recordar que esos traslados, que permiten a los viajeros visitar distintas zonas del país, constituyen uno de los principales atractivos del destino. Además, contribuyen a la democratización del dólar turístico, al distribuirlo entre los Centros de Desarrollo Turístico (CDT) y favorecen que los turistas permanezcan en promedio entre 12 y 13 noches en el territorio nacional, con lo cual aumentan su gasto en el país.
Los aeropuertos, por su parte, están lejos del nivel deseado. El Daniel Oduber, en Liberia, presenta serios problemas en la infraestructura en la pista, que no han sido resueltos de forma definitiva. Asimismo, sorprende leer que al aeropuerto Juan Santamaría se le extenderá la vida útil hasta 2056, situación sobre la cual el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA) ha advertido de riesgos para la actividad.
Nuestra naturaleza y sostenibilidad hoy se encuentran cuestionadas, e incluso se habla de una doble moral al señalar sitios emblemáticos como el Parque Nacional Manuel Antonio e incluirlo en listas negras de circulación internacional.
A ello se suman la recolección de basura –que amenaza con convertirse en crisis–, los problemas en la gestión y disponibilidad del agua, el costo de la vivienda en zonas turísticas, la gentrificación –frecuentemente atribuida al turismo–, la grave situación de inseguridad que vive el país y de la cual las zonas turísticas no están exentas, así como la informalidad y la competencia desleal mediante la oferta de alojamientos temporales que no cumplen con las regulaciones existentes. Todo esto coloca al sector en una situación compleja.
Ninguno de estos problemas, por sí solo, explica lo que estamos viviendo, pero la combinación de tantos factores ha mermado significativamente la competitividad del sector, al tiempo que numerosos competidores en el mundo han logrado mejorar su posición y atractivo ante los consumidores.
Sin embargo, no todo está perdido. Costa Rica cuenta con un sector privado conocedor, fuerte, con iniciativa y experiencia. No en vano el país ha liderado el desarrollo turístico a nivel mundial, y ha sido pionero y ejemplo del turismo sostenible. Este mismo sector, incluso en momentos difíciles como la pandemia y su infame “temporada cero”, de la que aún no se recupera totalmente, siguió adelante y ha mantenido un parque empresarial que, aunque disminuido, continúa dando la lucha.
Un ejemplo de esta resiliencia es el Congreso Nacional de Turismo, realizado en noviembre de 2025, donde se definió una “Hoja de Ruta” hacia 2035 mediante la Estrategia Nacional de Turismo.
Bien harían las nuevas autoridades del ICT, los diputados de la Asamblea Legislativa y los miembros del Poder Ejecutivo en leer, entender y contribuir a poner en práctica lo establecido en ese documento. Es un magnífico momento para que, en conjunto, sector público y privado revisen lo actuado –no solo en los últimos cuatro años, sino a lo largo del tiempo–, rescaten lo mucho bueno que se ha hecho, corrijan lo que no ha dado resultados y actualicen la visión de futuro de un sector que debe ser tratado como el “motor de desarrollo y progreso social” que es.
Mauricio Ventura es máster en Administración de Empresas con énfasis en Finanzas. Fue ministro de Turismo de Costa Rica (mayo 2015 a mayo 2018). Es dueño y consultor internacional de Sinergia Consulting Group.