Para no provocar especulaciones subjetivas, quiero manifestar primero que no soy afín a una ideología en particular, sino que este artículo es parte de los resultados de una investigación académica. Lo cierto es que, a mi edad, ya he vivido 17 procesos electorales, de los cuales tengo clara memoria de al menos 15 y puedo afirmar que la sociedad costarricense le tiene fobia al socialismo.
Digo esto por al menos dos razones: porque se le asocia con el comunismo y nos enseñaron que esa ideología, como la de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la de China comunista o la de Corea del Norte, es mala y hay que procurar que ese “virus” no llegue a Costa Rica. De ahí que en el pasado, el Partido Vanguardia Popular, sí, el de la Hormiga, nunca tuvo éxito a pesar de su contribución en la construcción de la nueva república.
Por otra parte, y ya en nuestra región, confundimos socialismo con dictadura (Cuba, Venezuela o Nicaragua), lo cual es un error porque dictaduras no socialistas han existido también: Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Bordaberry en Uruguay, Figueiredo en Brasil, Stroessner en Paraguay o Banzer en Bolivia, por citar algunas.
Las ideologías se originan en dos únicas corrientes: el comunismo y el capitalismo y, más recientemente, se les denominan de izquierda o de derecha. Luego comienza todo un desarrollo de variantes como: extrema izquierda, izquierda, centro-izquierda, centro-derecha, derecha y extrema derecha. Pero, además, se particularizan con nombres más light, como socialdemocracia, socialcristianismo, liberales, neoliberales, progresistas, nacionalistas, etcétera.
Estos nuevos nombres ya no nos asustan. Creo que recordarán cuáles han sido los partidos tradicionalmente socialdemócratas –el PLN– y los socialcristianos –el PUSC–. Al final de cuentas, son socialistas.
No se requiere del Waze para no perderse, porque del centro hacia la izquierda son de izquierda, y del centro hacia la derecha son de derecha. Eso, al menos en el papel, porque también existen gobiernos partidistas que desde su inicio siguen la línea ideológica de su partido y gobiernos oportunistas que no tienen línea, sino que se dicen de una ideología pero actúan como de otra. Pero no solo el PLN y el PUSC se proclaman socialistas, también lo es el PAC, de más reciente data.
La característica principal de estas dos ideologías (comunismo y capitalismo), es la mayor o menor intervención del Estado en la economía de un país. Así, es cuestión de prestar atención a cuánto interviene nuestro Estado directamente, a través del gobierno, en la economía del país.
Si existe intervención estatal en el sistema de transporte público; en el sistema financiero, pulmón del desarrollo económico –incluyendo la política cambiaria, la política monetaria y la política fiscal–; en los precios de los productos (bienes y servicios), incluyendo, por supuesto, el precio de los combustibles y sus derivados; en el mercado de valores, por la vía de los tributos; en el costo de producción de todas las actividades económicas del sector privado, y en la decisión de qué se produce localmente o qué se importa y qué se exporta, estaríamos ante un gobierno con ideología de izquierda.
La derecha, en cambio, reduce al mínimo la participación del Estado y tiende a privatizar la mayoría de las actividades estatales que no necesariamente son productivas, sino que van dirigidas a la atención de las necesidades de la ciudadanía: salud, educación, seguridad, infraestructura y medio ambiente, entre otros.
Por eso es que a veces se confunden las acciones y políticas de algunos gobernantes cuando se dicen socialistas (de izquierda) pero actúan como neoliberales (de derecha) al tratar de vender instituciones o privatizar, directa o indirectamente, actividades que son patrimonio nacional como la salud y la educación pública. O la CCSS, el ICE, el INS y el BCR.
Creo que es hora de prestar mayor atención a los postulados ideológicos de los partidos políticos que empiezan a florecer y menos atención al populismo de las y los candidatos a presidente.
Lamentablemente, esta falta de interés ha llevado a las nuevas generaciones a no creer en los partidos políticos, en nuestra democracia y en nuestro sistema institucional.
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Hernán A. Rojas Angulo es profesor universitario.
