El país de Etrovia venía de atravesar, en su historia política, una tiranía por parte de un gobernante que poseía cualidades autoritarias y a quien le gustaba la exaltación a su figura. Sin embargo, los ciudadanos de Etrovia tenían como convicción la necesidad de recuperar su esencia democrática, por lo que, después de una organización ciudadana, pudieron imponerle freno al tirano.
Seguido de esto, se establecieron comicios con diferentes agrupaciones políticas, que, sin importar su ideología o estructura partidaria, tenían como telos el bienestar de la nación. Las elecciones se llevaron a cabo y resultó ganador el partido que más persuadió al pueblo etroviano.
¡Ardua tarea la que se tenía después de la tiranía autoritaria que azotó a esta nación! Uno de los retos más complejos en llevar a cabalidad fue el de la educación, por lo que el Consejo Honorable de la Educación decidió establecer una Ruta de la Educación.
Dicho consejo pasó dos meses en poder dar estructura y viabilidad a esa ruta, porque uno de los problemas con los que lidió Etrovia durante la tiranía fue la inseguridad: muchos homicidios y femicidios.
La Ruta de la Educación planteada dispuso que se daría énfasis a la educación cívica en todos sus niveles, desde kínder hasta último año de secundaria. El Consejo Honorable de la Educación construyó lineamientos por seguir, con insumos pedagógicos y didácticos de cómo impartir la Cívica en todos los niveles. Se puso manos a la obra con el aporte de grandes especialistas en diversas áreas como filosofía, ciencias políticas, educación, derecho, psicología y trabajo social. Esto, a diferencia de como ocurría en el periodo tiránico, cuando solo se les daba importancia a las ciencias y las ingenierías, relegando las ciencias sociales y las letras.
Con la cívica, se pretendía fijar un rumbo idóneo para la construcción ciudadana. En preescolar, se les enseñaba a niños y niñas cómo convivir de manera respetuosa, solidaria y empática entre compañeros, guiados por el valor fundamental de la cooperación.
En los primeros tres grados de primaria, cambiaba el rumbo pedagógico y se educaba a los menores en cómo relacionarse solidariamente con los vecinos de las comunidades donde procedían. Aprendían así el valor de la cooperación comunal.
Los últimos tres niveles de la escuela marcaban el prólogo de lo que se les enseñaría en los cinco años colegiales. Aprendían los elementos básicos de una nación y cómo se desarrollan las relaciones políticas en medio de la diversidad de pensamiento. Por último, en la secundaria la materia se enfocaba en cómo convivir de manera sana en una nación, con respeto a los valores democráticos, en medio de una cultura de diálogo sincero y respetuoso entre ciudadanos.
A esto se añadía la enseñanza de la ética como materia de estudio capaz de generar en los colegiales un sentido crítico de cómo obrar de manera correcta.
Etrovia puso en ejecución la Ruta de la Educación y, al cabo de un decenio, el país destacaba por su prosperidad cívica, lo que dio paso a una eunomía o sistema respetuoso de las leyes. Se logró así la convivencia en paz, sin importar la diversidad de pensamientos.
Pablo García Monge es estudiante de Filosofía en la Universidad de Costa Rica.
