Casi estamos en febrero. Hace pocas semanas, con gran emoción, nos deseamos feliz Navidad, feliz Año Nuevo y nos abrazamos con sinceridad, deseando lo mejor a familiares, amigos e incluso desconocidos.
Esas fechas nos motivan a unirnos y desearnos paz, prosperidad, salud, amor y todo lo bueno. Sin embargo, cabe preguntarse si tales deseos se mantendrán, porque el 2025 es un año crítico para los costarricenses. Es el año en que comienza el proceso para las elecciones presidenciales y legislativas, que culmina en el 2026. Son los comicios de los cuales los ticos nos hemos sentido orgullosos.
Siempre digo que ese orgullo radica en que, pasado el domingo de la votación –usualmente después de la segunda ronda–, el lunes retornamos a nuestras labores, ocupaciones y familias sin rencores ni ofensas, y aceptamos la voluntad de la mayoría, como debe ser.
Sin embargo, para este período electoral del 2025 tengo mis temores. En los últimos tiempos, los costarricenses hemos estado enfrentados no solo a la crítica constructiva, sino también al odio, la falta de respeto y los conflictos sin razón.
Es lo peor que nos puede pasar como ciudadanos del país del “pura vida”. Si hemos sido pura vida es porque, sin importar nuestras diferencias, las hemos resuelto con discusiones de altura, con respeto por quienes piensan diferente y, al final, hemos aceptado la voluntad de la mayoría.
Deseo que este 2025 sea, en realidad, un año como el que nos deseamos hace pocas semanas: un año de alegrías, sinceridad y aprecio mutuo, sin importar nuestras diferencias.
Que nuestras discusiones se fundamenten en hechos probables, no en mentiras que distraigan a la sociedad.
Debemos pensar en el país, no en odiar a unos o a otros. Estudiemos los planteamientos que se nos presenten, sin rencores ni prejuicios. Analicemos cómo nos proponen reducir la brecha social y garantizar la mejor calidad educativa para la juventud. Elijamos a quienes lleguen al poder con amor por la patria, con el propósito de beneficiar a toda la sociedad, especialmente a los que menos tienen.
Solo así podremos seguir trabajando por alcanzar la Costa Rica que la mayoría añora, donde los abrazos y deseos del nuevo año se conviertan en realidad y donde la sonrisa, el amor y el pura vida sean parte de nuestro orgullo como ciudadanos.
A pesar de los desafíos, Costa Rica ha sido sumamente exitosa en múltiples terrenos, especialmente en lo social y lo ambiental. Sigamos siendo ejemplo mundial de democracia y compromiso con el bienestar de toda nuestra ciudadanía.
