La elección de Álvaro Ramos como candidato presidencial del Partido Liberación Nacional (PLN) fue un paso importante en el proceso de renovación de esa agrupación política que favorece sus posibilidades de recuperar el caudal electoral perdido.
Por sus cualidades personales, su formación académica y su firme posición en favor de los derechos de los trabajadores de la CCSS en su corto periodo al frente de la institución, su candidatura también generó simpatías en sectores progresistas distantes del PLN.
Pero, lamentablemente, su imagen y su proyección hacia fuera del partido ha sido dañada y torpedeada desde el interior de este, lo que podría dar al traste con sus posibilidades de éxito para las elecciones de 2026.
El afán de algunos dirigentes tradicionales por seguir controlando instancias partidarias o su pretensión de acceder a cargos de elección popular, a contrapelo de una opinión pública que los desaprueba, perjudican la candidatura de Ramos.
La negativa de Johnny Araya de dar un paso al lado es evidencia clara de que algunos de esos dirigentes no han entendido el contundente mensaje del electorado en las últimas tres elecciones presidenciales, el cual conlleva la exigencia de una renovación de liderazgos y una depuración ética del PLN.
Sin cuestionar ni demeritar su derecho, su capacidad, su trayectoria o su experiencia, es inaudito e inconveniente que, en el contexto del escenario político actual y especialmente en la coyuntura del PLN, algunos exlegisladores o exministros pretendan candidaturas a diputados. Su porfía va en la dirección contraria de los mejores intereses del candidato presidencial y del partido que les permitió ocupar esos cargos.
Es el caso, para citar un ejemplo, de Luis Gerardo Villanueva en Cartago, quien ha ocupado una curul en tres periodos y cuyo padre fue también tres veces congresista; ambos, además, tuvieron la oportunidad de ejercer la presidencia legislativa.
Quienes así actúan deberían entender que sus aspiraciones afectan negativamente el necesario proceso de renovación, pero pareciera que a ellos lo único que les interesa es conseguir un cupo en la cuota de diputados que pueda lograr el partido y no el retorno del liberacionismo al Poder Ejecutivo.
Asimismo, el afán de protagonismo de algunas viejas figuras liberacionistas, su constante presencia cerca del candidato, le hacen un flaco favor, ya que enturbian la imagen de aire fresco que su aspiración y su triunfo en la convención trajo a las filas verdiblancas y a la política nacional.
Para que el PLN tenga opción real a un triunfo electoral, es imperioso que estos dirigentes dejen de resistirse al cambio y de perjudicar a su candidato.
Por otra parte, el sorpresivo cambio de opinión de Ramos sobre el tema de la aplicación de la vía rápida para el proyecto de jornadas 4/3, sin que exista hasta la fecha una explicación convincente que lo sustente, ha generado desilusión en sectores que le aplaudieron su posición inicial de que esa trascendental iniciativa merecía un debate amplio y la búsqueda de consensos.
Sobre temas tan delicados como este, por los efectos que puede producir en algunos sectores laborales, no se valen las medias tintas ni los titubeos.
Sobre el fondo del proyecto, se debe meditar en su verdadero alcance, ya que podría tener un impacto negativo en el ámbito salarial, si consideramos el argumento de Pilar Cisneros, diputada oficialista y una de las más firmes promotoras de ese proyecto, de que el salario mínimo en Costa Rica es muy alto.
Liberación Nacional necesita reconectarse, establecer sintonía –y, en lo posible, concretar alianzas– con los sectores progresistas del país, retomando los principios socialdemocráticos con los que se fortalecieron y consolidaron las bases de nuestro Estado social de derecho. Esta hoja de ruta es indispensable porque otra de las causas del declive del PLN es la falta de claridad sobre su proyecto ideológico.
Un programa que enfatice en la inversión social, tan de capa caída en la actual administración, con políticas públicas de corto y mediano plazo para recuperar el deterioro sufrido, así como propuestas progresistas en el tema de los derechos humanos y planteamientos concretos en defensa del medio ambiente, serían acciones que contribuirían a ese objetivo.
El candidato Ramos debería atender con prontitud estos obstáculos que tan pronto se le han presentado. Aún está a tiempo de enderezar la carreta.
Su vivencia personal y su hoja de vida nos dicen mucho de su fortaleza, de su valentía y de su actitud ante la adversidad, características idóneas para enfrentar y superar las piedras que propios y extraños le ponen en el camino.
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Luis París Chaverri es exembajador.