
Dejaría de ser educadora si no hiciera un llamado a la conciencia de mis exalumnos, amigos y compañeros. A veces, los resentimientos o pasiones no nos dejan ver más allá de nuestras narices.
A mí me tocó vivir la guerra civil del 48. Solo tenía ocho años y fue muy doloroso ver a las familias costarricenses divididas por política. Mi padre fue a la revolución. Hoy, con casi 86 años encima, veo cómo las próximas elecciones están exaltando los ánimos. Pero no veo un espíritu crítico que analice la situación en la que estamos. ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Nos están nublando la razón los resentimientos contra los partidos tradicionales? ¿Tenemos claro que podemos caer en una dictadura disfrazada de democracia?
Mientras analizo si votar por uno u otro candidato, me llama la atención que ciertas encuestas le den la posibilidad de salir elegida a la candidata del partido del actual gobierno. Si eso sucediera, no sería ella la que gobernaría, sino el actual presidente desde el cargo de ministro de la Presidencia. Y, así, nos constituiríamos en una dictadura, como la de muchos otros países donde la verborrea encontró oídos que la creyeron. Solo hay que leer la historia de las dictaduras existentes o extinguidas a fuego en otros lugares de América Latina.
¿Es eso lo que queremos para la democracia centenaria de América? ¿O son los resentimientos o pasiones mezquinas los que nos llevan a ello? ¿No es mejor dejar atrás nuestro dolor y analizar qué es lo que mejor para Costa Rica?
Un llamado a la conciencia
Yo no quiero dejarles a mis hijos, nietos y nietas un país empobrecido. Un país donde no se pueda salir a la calle porque se corre el peligro de ser una víctima más. Un país donde una madre entrega a su hija de 15 años para pagar una deuda gota a gota. Un país donde no se pueda hablar con libertad porque hay oídos atentos a delatarnos. Un país donde la droga va a campear y empobrecer las mentes de la juventud. Un país donde una megacárcel es más importante que reconstruir las escuelas derruidas. Pitágoras decía: ”Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.
Por eso, es necesario pensar muy bien nuestro voto. Una cara bonita que ha pasado la campaña bailando no va a resolver nuestros problemas de drogadicción, ajusticiamientos en plena calle y la perdición de nuestros jóvenes. Tampoco la falta de atención en clínicas u hospitales del Seguro Social ni la falta de pensiones para nuestros ancianos.
¿Es eso lo que queremos para nuestra querida Costa Rica? Creo que ya es hora de hacer un alto en el camino, hacer despertar nuestro espíritu crítico y pensar seriamente lo que mejor le conviene a nuestro país. Sin pasiones descerebradas.
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Vilma Isabel Sánchez Castro es educadora y filóloga.