De acuerdo con el Código Electoral, los diputados se designan cada cuatro años en las elecciones nacionales tras un cálculo matemático de cocientes, subcocientes y residuo mayor. Este cálculo y el posterior recuento manual de los votos es un importante mecanismo de garantía democrática para que todos los partidos políticos que participan en el proceso electoral tengan la oportunidad de alcanzar representación en la Asamblea Legislativa.
Este poder de la República lo forman 57 diputados, que se distribuyen entre las siete provincias de acuerdo con la población de cada una. Por eso, el cociente de cada una de ellas es diferente.
Según el artículo 7 de la sesión ordinaria número 60-2025, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) basado en los datos del Censo Poblacional 2022, estableció el número de diputados que cada provincia tiene derecho a elegir, en proporción a la población, en las elecciones del próximo 1.° de febrero: San José: 18, Alajuela: 12, Cartago: 6, Heredia: 5, Guanacaste: 5, Puntarenas: 6, y Limón: 5.
Una vez más, los electores van a votar por una lista de candidaturas presentada por cada partido y no por candidaturas individuales, que, por cierto, sería lo idóneo y lo más democrático.
Pues bien, en ese contexto, don Rodrigo Chaves y el chavismo han anunciado que tienen la meta de elegir a 40 diputados, para poder hacerle importantes cambios a la Carta Magna, ya que la mayoría calificada (absoluta) en el plenario es de 38 votos, los necesarios para modificar la Constitución Política.
Sin embargo, lograr 40 curules en el Congreso es un mito; un espejismo que no tiene correspondencia con la realidad.
Es un mito funcional porque describe una meta legislativa, ignorando la enorme cantidad de votos válidos que el oficialismo necesitaría obtener para lograr esa cifra de legisladores. Es un mito deliberado para manipular la voluntad de los electores, una promesa populista y el cuento de fantasía.
Veamos por qué. Para obtener esa cantidad de diputados, el chavismo tendría que hacer “mesa gallega” (arrasar en cada una de las siete provincias). En los últimos 75 años, ningún partido político ha logrado elegir 40 diputados. En una victoria muy significativa, el PLN logró, en 1982, alcanzar 33.
Desde todo punto de vista, este escenario chavista es mágico e irreal. El partido de gobierno, que irá a las urnas como Pueblo Soberano (PPSO), tendría que sacar en Limón, Guanacaste y Heredia los cinco puestos que el TSE designó para cada una de esas provincias (15). En Puntarenas, ganar las seis curules. En Cartago, tres de seis; en Alajuela, seis de 12, y en San José, 10 de 18.
Eso no va a ocurrir, y menos en la compleja coyuntura actual. Nuestro sistema político es pluralista y democrático. Somos un país de pesos y contrapesos en libertad. Por eso y muchas cosas más, darle a un solo partido el dominio político del Primer Poder de la República es una falacia. El oficialismo solo usa ese discurso para engañar a los electores.
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Carlos Araya Guillén es exdiputado y doctor en Ciencias de la Educación.