En 1972, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconocieron que la triste salud de la tierra afecta todo y a todos, y declararon el 5 de junio como el Día Mundial del Medio Ambiente.
Más que 50 años han pasado pero los bosques siguen desapareciendo. Los vehículos de combustión interna continúan contaminando con emisiones de carbono el aire en las ciudades y amenazando la salud de las personas.
Sembramos árboles, pero al mismo tiempo cubrimos hectáreas de tierra con cemento en carreteras y parqueos. La agricultura y la producción de nuestra comida depende de químicos, herbicidas, fungicidas y fertilizantes. Las guerras y los conflictos armados provocan daños serios al aire, la tierra y la vida humana. El mundo produce 2.000 millones de toneladas de desechos sólidos por año. No hemos reducido la cantidad de desechos que botamos cada día.
Un informe del Banco Mundial sobre los retos del desarrollo sostenible nos advierte de cómo el colapso de los ecosistemas afecta el suministro de agua, la seguridad alimentaria y la posibilidad de mantener una vida saludable y productiva. Y resalta además, que “es necesario tener políticas inteligentes para promover un desarrollo verde, resiliente e inclusivo”. Todos tenemos que ser involucrados.
La igualdad de género es también importante, las mujeres, quienes representan más de la mitad de la población mundial, podemos utilizar nuestros talentos para investigar, buscar soluciones y resolver los problemas que afectan el bienestar del planeta. Cuidar y curar a la Tierra es una tarea de todos.
La mayoría de las naciones ya tienen leyes y decretos para proteger el ambiente, reducir las emisiones de carbono, eliminar el plástico de un solo uso y prohibir los químicos más peligrosos.
En las escuelas, los niños y las niñas aprenden la importancia de cuidar la Tierra. Las empresas grandes promueven sus productos como “verdes”. Grupos civiles se toman la tarea de limpiar ríos y playas, y sembrar árboles. Hay programas paras extender las zonas verdes y protegerlas.
Hay estudios de desarrollo sostenible y conferencias y reuniones para salvar la vida del planeta y muchas ciudades mantienen programas de reciclaje. Tenemos un día anual del medio ambiente, que celebramos con actividades, pero el daño continúa.
La tecnología existe. Se puede hacer papel sin usar árboles. Se puede detener la desertificación con desvíos y controles de agua. Hay varias maneras para disolver plásticos y limpiar los mares de los desechos sólidos.
Satélites, drones y computadores pueden servir para encontrar los problemas y resolverlos. Pero el deterioro no termina y la Tierra no se recupera.
¿Qué podemos hacer? Es imposible que una persona o un grupo pequeño de personas puedan resolver los problemas enormes que enfrenta el planeta. Aunque sí podemos dar pequeños pasos y cuidar nuestro espacio, nuestro hogar, nuestro alrededor, nuestra comunidad y ser un buen ejemplo para otros.
Pero primero, tenemos que examinar nuestros hábitos, para determinar si estamos causando daño al medio ambiente. Si usamos el carro cuando pudimos haber caminado, andado en bicicleta o usado el transporte público.
Si usamos aerosoles y otros químicos que no son necesarios para fijar el cabello o matar bichos, por ejemplo. Si comemos alimentos que requieren de mucha agua y terreno. Si en la casa usamos el agua y la electricidad racionalmente. Y si recordamos y aplicamos los tres R: reciclar, reducir y reusar, estamos dando unos pasos muy importantes.
Lo importante es tomar conciencia del daño que le estamos haciendo a nuestro único hogar y, de persona a persona, heredar una cultura de conciencia y responsabilidad.
Las autoras son socias de la Liga Internacional de Mujeres pro Paz y Libertad.
