
Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de la insigne educadora y pensadora costarricense María Eugenia Dengo Obregón (Heredia, 9 de setiembre de 1926 – San José, 23 de julio de 2014). Hija de Omar Dengo y María Teresa Obregón Zamora, dos figuras fundamentales de la educación costarricense, María Eugenia supo honrar el legado de sus padres y, al mismo tiempo, hacerlo suyo, enriqueciéndolo con creatividad, vasta cultura y una particular sensibilidad y simpatía.
Terminó sus estudios secundarios en el Colegio Superior de Señoritas en 1943 y, al año siguiente, ingresó a la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Costa Rica. Después de cursar un semestre en la Universidad de Minnesota, regresó al país y, en 1946, contrajo matrimonio con el pianista y compositor Carlos Enrique Vargas Méndez, con quien tuvo seis hijos. En 1948, concluyó sus estudios universitarios, aunque sus responsabilidades familiares hicieron que la obtención de su licenciatura en Filosofía y Letras se postergara hasta 1959.
En 1950, cuando ya era madre de dos hijos, y por iniciativa de la educadora Emma Gamboa, comenzó su trayectoria como profesora universitaria en la Escuela de Pedagogía, que posteriormente se convertiría en la Facultad de Educación. Así ingresó profesionalmente a la Universidad de Costa Rica. Aunque también enseñó durante un tiempo en la Escuela de Filosofía y en Estudios Generales, la Facultad de Educación sería su casa universitaria durante muchos años.
En 1964, María Eugenia fue elegida decana de la Facultad de Educación, en sucesión de Emma Gamboa. Fue reelegida en 1967 para un segundo periodo y, en 1970, para un tercero, al que renunció en 1972, convencida de que era necesario dar paso a una nueva generación.
Durante su gestión, consolidó el papel de la Facultad de Educación en la formación de docentes y promovió nuevas carreras, entre ellas Educación Preescolar, Orientación, Bibliotecología y Enseñanza Especial. Fortaleció la Escuela Nueva Laboratorio, fundó el Liceo Laboratorio y colaboró activamente en la creación de los centros regionales universitarios que la UCR comenzaba a establecer.
En 1972, fue nombrada vicerrectora de Acción Social. Desde allí impulsó la proyección de la universidad hacia la sociedad mediante la acción comunal, la acción cultural, la extensión universitaria y la difusión. Entre 1976 y 1978 fue miembro electa del Consejo Universitario y, durante 1977, ocupó su presidencia.
En 1978, el recién electo presidente, Rodrigo Carazo Odio, la nombró ministra de Educación. María Eugenia renunció entonces al Consejo Universitario y asumió una nueva etapa de servicio público que durante cuatro años la llevó por todos los rincones del país. Conoció de cerca a estudiantes y docentes de muy distintas realidades geográficas y sociales.

La regionalización de la educación costarricense fue uno de los ejes de su gestión y también del Proyecto de Ley General de Educación, que habría tenido enorme valor para la educación nacional, pero que, por motivos políticos, fue rechazado en 1982 por la nueva Asamblea Legislativa.
Después, María Eugenia Dengo ocupó otros cargos de gran relevancia para la educación. Fue coordinadora regional de la Unesco para América Latina y el Caribe; miembro del Consejo Universitario de la UNED; miembro y presidenta del Sistema de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes), y miembro de la Junta Directiva del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).
Impartió numerosas conferencias y escribió artículos, capítulos de libros y varias obras propias, entre ellas Educación costarricense, Nuevos paradigmas para la educación y Tierra de maestros.
A lo largo de su vida, recibió numerosas distinciones, entre ellas dos doctorados honoris causa, el Premio Rodrigo Facio Brenes y el Premio Nacional de Cultura Magón. En 2022, de manera póstuma, fue nombrada benemérita de la patria.
Una firme convicción democrática, la defensa de la libertad y su sensibilidad ante las realidades sociales del país impulsaron todo el itinerario educativo de María Eugenia Dengo.
Escribió: “La educación conduce a la libertad. Esa libertad es el factor fundamental de la democracia”. En efecto, su entrega a la educación encarnó valores fundamentales para el ser costarricense y para nuestra democracia: la familia, la educación, la libertad y el servicio. Y lo hizo con nobleza de espíritu, decoro, humildad y respeto por los demás, valores que hoy urge rescatar.
En las últimas décadas, hemos presenciado en Costa Rica un grave deterioro de la educación. No es casual que este proceso coincida con un debilitamiento de la democracia: si la educación es uno de sus pilares, como María Eugenia Dengo enseñó y demostró, cuando se deteriora una, también se deteriora la otra.
En un tiempo en que las instituciones democráticas son objeto de desvalorización, urge presentar a las nuevas generaciones una figura como la de María Eugenia Dengo, ejemplo de auténtica vida ciudadana en Costa Rica.
Que su memoria contribuya a que la educación y la democracia no continúen deteriorándose, sino que se recuperen y fortalezcan, y que la vida de ciudadanos ejemplares como ella ofrezca a las nuevas generaciones modelos del ser costarricense y de lo que queremos para nuestra patria.
Carlos Alonso Vargas Dengo es filólogo.