
De niño, disfruté, junto a mis hermanos, la leyenda del jinete sin cabeza. Primero, como capítulo de la serie de televisión de Scooby-Doo, graciosa versión donde, al quejarse por su cabeza el jinete, le recomendaban tomar aspirina. Luego, conocimos Las aventuras de Ichabod y el señor Sapo, un dos por uno sin relación de Disney.
Eso sí, la de Disney sigue siendo la más fiel a la original. Lo digo por las posteriores de Tim Burton y de la tele, que, aunque muy buenas, han cambiado totalmente el sentido del autor. Lo mejor es apreciarla directamente: El Jinete sin Cabeza, una leyenda de Sleepy Hollow, de Washington Irving.
Se desarrolla en 1790, después de la independencia de los Estados Unidos de América. Está ambientada en un pueblo fundado por Henry Hudson como parte de Nuevos Países Bajos, colonia holandesa que abarcaba Delaware, Nueva Jersey y Nueva York juntos.
Según Irving, quien vivió de niño en Tarry Town, a orillas del río Hudson, los descendientes de los colonos holandeses conservaban sus costumbres y tradiciones para cuando inició la nueva era, luego de la independencia.
Los colonos solían vestir de forma similar y vivir austeramente de su trabajo. Era una forma de comportarse a la usanza de las Provincias Unidas de los Países Bajos, organización republicana. Solían comercializar al estilo de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, que reconocía la unión entre inversionistas y emprendedores como capital. Y quizás la habilidad más importante de todas, la de dar rienda suelta a su creatividad para inventar leyendas convincentes, como la leyenda negra antiespañola, pura propaganda. O, la folclórica tradición de contar historias sobrenaturales y fantasmagóricas en otoño.
En el cuento, Ichabod Crane es el nuevo maestro de Sleepy Hollow. Un larguirucho soltero, más narizón que orejón, nacido en la vieja Nueva Inglaterra. Era supersticioso y ambicioso, pero educado y cortés al estilo inglés, con dotes para el baile y el canto de salmos.
Al poco tiempo, se ilusiona con Katrina Van Tassel, la bella, coqueta y única heredera del hombre más rico de la comarca. Ella vestía combinando lo antiguo con lo moderno. Con vestidos cortos y escotados para la época, exhibía las joyas que trajo su bisabuela de Saardam, Holanda. Katrina era pretendida por medio pueblo, en especial por Brom, el Huesos.
Un buen día en que el padre de Katrina ofrece una fiesta, Ichabod pretende declarársele a la joven. Los pueblerinos han adivinado las intenciones del maestro y deciden asustarlo hasta que pierda la cabeza con horrorosas historias. Brom, el Huesos comparte la leyenda del jinete sin cabeza y se asegura de que el foráneo no perdiera detalle, ni la suya, orejas incluidas, mientras escucha.
Ya oscuro, al terminar el festejo y luego de que Katrina lo ha rechazado, Ichabod Crane cabalga solo de regreso. Se topa al espectro decapitado, que lo persigue como el viento hasta el puente para cruzarlo y salvarse, pero Ichabod recibe un calabazazo en el intento. A la mañana siguiente, Crane había desaparecido. El puente es mi personaje favorito.
Los lugareños decían que el puente debía cruzarse en compañía; que desapariciones sobrenaturales sucedían del lado más antiguo, donde se encontraba la vieja iglesia holandesa y su cementerio. Al terminar la lección, los niños de la escuela solo lo cruzaban en grupo, símbolo de que nadie debe quedar atrás sin educación.
A Crane lo asustaron lo suficiente con la aparición del jinete sin cabeza, que perdió la suya de terror. Ichabod se convirtió en otro decapitado local. Sin embargo, fuera del pueblo, se dice que, con buena cabeza, sobrevivió al encuentro con el descabezado y al desencuentro con Katrina, estudió Derecho, se licenció como abogado y a la política se dedicó. Katrina Van Tassel se casó con Brom, el Huesos, reteniendo su herencia entre colonos holandeses.
Las leyendas deben ser reconocidas, respetadas y recordadas como tales; no deben cruzar el puente y convertirse en parte de la realidad o de la historia. El puente representa el paso de la superstición a la ciencia, de la vieja a la nueva era, del pasado al presente y futuro. La leyenda del jinete sin cabeza nos recuerda que el amor honesto y desinteresado es el único posible y no una forma de enriquecerse.
La Unión Americana aprovechó la herencia colonial holandesa. Su red comercial y mercadotecnia impulsó especialmente a la ciudad de Nueva York. Buen ejemplo fue el transportista Cornelius el Comodoro Vanderbilt, marinero holandés de origen que, con la cabeza en su lugar, amasó una fortuna. Manhattan terminó siendo la capital financiera de los Estados Unidos y las leyendas de Sleepy Hollow, unos clásicos de Halloween.
Conservar o no la cabeza en su sitio de alguna forma depende de cruzar o no este puente.
fernandollorcacastro@yahoo.es
Fernando Llorca Castro es exministro de Salud, expresidente ejecutivo de la CCSS y exembajador de Costa Rica en Estados Unidos.