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El idioma como instrumento ideológico

La imposición del lenguaje inclusivo no es inclusiva. Es, en muchos casos, intolerante con quien no lo adopta, y representa una forma de censura cultural que busca uniformar el pensamiento bajo una fachada de progreso

El uso del llamado lenguaje inclusivo sigue siendo blanco de acaloradas polémicas. Foto: Archivo LN
El uso del llamado lenguaje inclusivo sigue siendo blanco de acaloradas polémicas. Foto: Archivo LN
El uso del llamado lenguaje inclusivo sigue siendo blanco de acaloradas polémicas. Foto: Archivo LN

En tiempos en que la libertad se disfraza de consenso y la imposición de nuevas costumbres se justifica como evolución social, el idioma ha dejado de ser simplemente un vehículo de comunicación para convertirse en campo de batalla ideológica. Entre estos fenómenos, destaca el llamado lenguaje inclusivo, una propuesta que no nace de la evolución natural del habla, sino de un laboratorio ideológico que pretende reformular la realidad desde el discurso.

Desde la filología, sabemos que el lenguaje cambia, sí, pero lo hace de forma orgánica, con base en el uso, la economía lingüística, la oralidad y la adopción masiva. La historia del español está llena de estos ejemplos: formas arcaicas que caen en desuso, palabras nuevas que nacen del contacto cultural o de necesidades tecnológicas. Pero el lenguaje inclusivo –con sus “todes”, “niñ@s”, “les ciudadanes”– no responde a ninguna de estas fuerzas. Es un intento de forzar al idioma a servir una ideología, no a servir al hablante.

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