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El hombre que volvió casi muerto del río y con hambre de venganza

Pensé que la herida mayor de aquel hombre no estaba a la vista; era de esas que no curan las pomadas, sino de las que se pegan al orgullo como una plasta de barro seco

Humedales Costa rica
Humedal del rio Tárcoles durante expedición por la zona / foto John Durán JOHN DURAN

“Voy a ir a buscarlo y lo mato”, me aseguró, convencido de que ahora, ya con los nervios bien acomodados en el estuche del pecho, podría reconocerlo.

Lo puse en duda, pero no comenté nada; solo pregunté: “¿Y cómo va a saber cuál es?”. La respuesta fue rotunda: “Es el más grande”.

Las heridas del hombre, sobre todo las de las piernas, dejaban ver que no había pasado mucho tiempo desde el ataque que, como diría más adelante, por poco lo manda con san Pedro. Cerca del tobillo izquierdo tenía llagas abiertas, algunas tan grandes como las viejas monedas de quinientos. Los brazos no andaban lejos.

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