“Virtualmente, todos los países que actualmente son desarrollados utilizaron activamente políticas intervencionistas en industria, comercio y tecnología, orientadas a promover sus industrias nacionales y/o nacientes durante el período de puesta al día en relación con los países que ya eran desarrollados”. Esta es la tesis y demostración central de Ha-Joon Chang, profesor de Economía y Política de la Universidad de Cambridge en el libro Kicking Away the Ladder (2003), un estudio histórico de estrategias de desarrollo.
Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, afirma que tras las decepciones en el mundo subdesarrollado –especialmente en Latinoamérica– con la aplicación de dogmas y recetas, tanto en un extremo con la planificación central estatal, como del otro, con las políticas de mercado al estilo Consenso de Washington, actualmente se abren espacios para “políticas económicas que tomen un punto intermedio más inteligente”. Costa Rica no es la excepción en este debate.
Indicadores positivos. Tenemos indicadores positivos en salud, mejorables en educación y alentadores, pero insuficientes en tecnología. La cooperación internacional para el país es cada vez menor y no será el factor determinante para el desarrollo. Tenemos una democracia estable y un aparato estatal imperfecto, pero con un grado de funcionalidad.
El ingreso nacional bruto per cápita en 2007 fue de $5.520 (Método Atlas), lo que ubica el país entre las naciones de ingreso medio. No obstante, una quinta parte de los hogares costarricenses es de escasos recursos con un ingreso no mayor a los 115.000 colones mensuales; tres quintas partes de los hogares viven con un ingreso de entre 215.000 y 485.000 colones. El último quintil, el más rico, vive en promedio con 1.120.000 colones mensuales (INEC, 2007).
Costa Rica está en el punto donde requiere lo que se ha denominado como políticas de tercera generación, que son políticas proactivas del Estado, especialmente vinculadas con la política productiva y con la distribución de oportunidades. Las políticas llamadas de “despegue”. ¿Por qué entonces no hemos dado este salto?
En esta misma línea de argumentación, la Dr. Eva Paus, en su estudio sobre inversión extranjera y desarrollo en Costa Rica (2005), sostiene que el cuello de botella que impide al “tigre tico” dar ese salto es la ausencia de una estrategia gubernamental proactiva . Paus, por ejemplo, demuestra la incapacidad del país para lograr que las empresas nacionales se conviertan en las proveedoras de las transnacionales exportadoras de alta tecnología; esto, a falta de apoyo gubernamental para lograrlo.
Similar panorama existe en otras actividades, como la agricultura y el turismo, donde no se logra avanzar a mayores estadios en la cadena de valor –es decir, no se producen cosas de mayor valor y/o la plata se va a otras partes y no a los hogares ticos –.
Alianza. En las etapas críticas de los hoy países desarrollados –Inglaterra, EE. UU., Japón, Corea del Sur, etc.–, el Estado ha sido un aliado que compartió riesgos cuando las inversiones resultaban inseguras para el sector privado y co financió la adquisición de conocimiento y la generación de tecnología cuando había atraso. No obstante, en Costa Rica nos hemos quedado con la receta de que el Estado debe retirarse para dejar operar al mercado. Hoy, sus fuerzas son las que efectivamente actúan y que nos tienen en este punto medio(cre).
No hay que engañarse o alarmarse, el principal motor de desarrollo es la empresa privada de emprendedores y de trabajadores capacitados y bien remunerados. Pero son políticas proactivas , las del Estado aliado, las que pueden hacernos despegar.
Cabe mencionar que estos esfuerzos son estériles si no se acompañan de políticas de redistribución de oportunidades, y son en potencia destructivos si no toman en cuenta el medio ambiente y al ser humano como su fin último.
El apoyo al continuismo de políticas no productivas actuales es la ruta, no al desarrollo, sino a que las cosas sigan igual o con tendencia a empeorar. Por ello, Costa Rica necesita cambiar a Gobiernos que apoyen activamente a los sectores productivos nacionales para fijar decididamente la ruta hacia el desarrollo.