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El cinismo político y sus remedios

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Algo debe de correr en la venas de nuestra humanidad que explique porque el poder sin control y propósito de progreso humano, transforma a las personas para mal. No es la corrupción política, ni la falta de preparación para el puesto o la ocupación de un puesto para fines clientelistas; la mayor de las enfermedades en la política. En el centro de estos males existe una falencia, una pieza vital del rompecabezas, algo que quizás es el origen de estas y otras molestias o enfermedades y tiene por nombre, cinismo. Un cinismo que tiene su raíz en algunas costumbres sociales, definido como “desverguenza en el mentir o en la defensa o práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Quizás la mejor, forma de entender las manifestaciones de cinismo político es de la mano de dos grandes observadores del cinismo; Ambrose Bierce y Diógenes. Sus vidas separadas por un poco más de 2000 años nos enseñan que el cinismo es una debilidad humana.








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