7 diciembre, 2011

Desde hace varias semanas se ha venido suscitando una acre polémica, alrededor del centenario cementerio Calvo, ubicado en el cantón central de la provincia de San José. Dicho diferendo había tenido como origen la intención de la Municipalidad josefina de construir en una sección de dicho camposanto una villa olímpica para albergar a los atletas que arribarán a nuestro país para los Juegos Centroamericanos del 2013.

Así, los defensores de dicho proyecto habían esgrimido que la porción de terreno a utilizarse nunca estuvo inscrita registralmente bajo la categoría jurídica de cementerio, por lo que podía ser utilizada, sin óbice alguno, para las instalaciones olímpicas de cita. Mientras que los opositores a dicha idea habían esbozado que la referida sección mortuoria poseía, desde 1943, un carácter demanial (público) que impedía cualquier uso disímil a su naturaleza de panteón.

Finalmente, la Sala Constitucional otorgó validez jurídica al segundo de dichos argumentos, en noviembre de este año, al pronunciarse respecto de un recurso de amparo presentado en contra de la citada intención municipal.

En ese sentido, casi todos los medios de comunicación han informado de que en las instalaciones de dicho panteón se encuentra sepultado el afamado presbítero costarricense Francisco Calvo. Hecho que, según estas mismas fuentes, da origen al nombre de dicho camposanto. Lo cual es un ostensible error histórico.

Historia. El sacerdote Francisco Cipriano Calvo nació el 14 de septiembre de 1819, luego de lo cual fue abandonado en el pórtico del presbítero Rafael del C. Calvo Rosales, quien generosamente le dio su apellido y lo crió como si fuese su hijo. Su tío materno fue el afamado presbítero cartaginés don Florencio del Castillo Villagra.

Se trasladó en 1831 al Seminario Conciliar de León, en donde se graduó como bachiller en Filosofía, Teología y Derecho, recibiendo la tonsura sacerdotal en 1847, en la ciudad hondureña de Comayagua.

Con motivo del concordato suscrito entre Costa Rica y la Santa Sede (1852), fue nombrado en 1853 capellán mayor (primero de nuestra historia) del Ejército costarricense, por el presidente Juan R. Mora Porras; durante la “Campaña Nacional”, debido a su valentía y arrojo, se le confirió la cruz de honor y el grado castrense de coronel.

Dicha posición le permitió redactar el famoso “Libro de los que murieron en la Campaña Nacional” (tomos I y II), en el que consignó el nombre y rango de casi todos los fallecidos durante dicha epopeya.

Asimismo, fue el fundador de la masonería en Costa Rica, cuando el 2 de enero de 1865 y junto a un conspicuo grupo de ciudadanos creó la logia “Caridad No. 26”, que adoptó algunos años después el nombre masónico simbólico de “Ganganelli”. Año este último en el que también obtuvo el título de doctor en Derecho Canónico en la decimonónica Universidad de Santo Tomás.

En 1874 fundó la primera asociación gremial costarricense: “La Sociedad de Artesanos de San José”. Para 1879 y gracias a su intermediación, el sacerdote alemán Bernardo A. Thiel H. fue presentado como candidato a la silla episcopal de Costa Rica. Designio que se materializó en 1880, cuando el pontífice León XIII lo nombró segundo obispo de nuestra historia.

Lápida. El viernes 18 de julio de 1890, el padre Calvo falleció a los 70 años, en el nosocomio San Juan de Dios, y se efectuaron sus honras fúnebres en la catedral metropolitana. Debido a una gravosa condición pecuniaria, sus exequias se realizaron en una sencilla tumba del cementerio general de San José (Cuadro Dolores), la cual fue adquirida para dicho fin por monseñor Bernardo A. Thiel.

Como podrá comprobarse, el nombre del cementerio Calvo corresponde únicamente a un honor realizado a su eximia figura, razón por la que, incluso actualmente, se tramita su declaratoria legislativa como benemérito de la patria, en el expediente n.° 17.911.