Cuando una institución pública nace con el objetivo de impulsar el desarrollo de su país, no necesita adoptar discursos prestados. Simplemente actúa. Porque financiar infraestructura pública, educación, agua y energía lo hemos hecho siempre, sin llamarlo sostenibilidad. Lo hacíamos antes de que el concepto tomara fuerza, y lo seguimos haciendo hoy con un sentido aún más claro de impacto.
Hace 20 años, el Banco Nacional comenzó a organizar sus acciones bajo esa palabra: sostenibilidad. Pero en realidad, ese camino se había iniciado mucho antes. Acompañar a las personas emprendedoras, facilitar crédito en zonas alejadas, invertir en proyectos que generan bienestar colectivo y abrir oportunidades donde antes no había, ha sido nuestra razón de ser. El concepto se fue afinando, sí, pero la vocación ha estado desde el origen.
Por eso, cuando hoy hablamos de sostenibilidad, no nos referimos a una estrategia externa o a una moda corporativa. Hablamos de cómo entendemos nuestra relación con la sociedad, con el entorno, con las generaciones que vendrán. Lo vemos reflejado en decisiones como ser el único banco con presencia activa en los 24 territorios indígenas del país, lo que garantiza acceso a servicios financieros sin barreras culturales ni geográficas.
También lo vemos en las nuevas respuestas que han surgido desde esa misma raíz. La tarjeta BN Débito Agua, por ejemplo, que transforma un acto cotidiano, como hacer una compra o pagar un recibo, en una acción concreta para proteger las fuentes de agua del país. O Pura Verde, nuestro programa de financiamiento sostenible, que canaliza recursos hacia proyectos que generan valor económico sin comprometer el equilibrio social o ambiental. Y la emisión del primer Bono Azul de Costa Rica, en colaboración con BID Invest, demuestra que las herramientas financieras también pueden ponerse al servicio de la protección del patrimonio natural.
Hablar de sostenibilidad también es hablar de personas, de sus necesidades, aspiraciones y derechos. Por eso, desde 2016, más de 1,7 millones de personas han recibido formación en educación financiera, porque saber administrar el dinero no debería ser un privilegio, sino una herramienta para la tranquilidad, la libertad y el futuro. También, más de 1,3 millones de mujeres han fortalecido su autonomía económica con el acompañamiento del Banco Nacional.
Nada de esto sería posible sin la convicción diaria de quienes forman parte de esta institución. Más de 6.000 personas que entienden que la banca pública no es solo un modelo de negocios, sino una forma de construir país. Personas que creen en una banca humana y cercana, con capacidad de transformar realidades.
Después de 20 años de trabajo sostenido, sabemos que la sostenibilidad no es una palabra, sino una forma de hacer y estar. Por eso, más que mirar hacia atrás, miramos hacia adelante, con la certeza de que nuestro mayor legado será haber contribuido a un país más justo, inclusivo y resiliente para todas las generaciones que están por venir.
Silvia Chaves Herra es directora de Experiencia de Marca y Relaciones Corporativas del Banco Nacional.